La segunda jornada del debate de investidura no sólo fue maratoniana, sino que, además, estuvo marcada por el anunciado desencuentro entre Podemos e IU. La coalición de Llamazares dejó claro desde el principio que sólo votaría una candidatura para un acuerdo tripartito, frente a Podemos, que en ningún momento contempló la posibilidad de apoyar con sus votos al todavía presidente en funciones.
Por otro lado, con las abstenciones, también anunciadas, de Ciudadanos y Foro Asturias, no se dio la circunstancia de que en esta primera sesión doña Mercedes Fernández hubiese obtenido más votos que el candidato del PSOE.
Cierto es que entre Podemos e IU no podrían haber ido más allá de un empate con el PSOE. Lo que en este sentido cabe preguntarse es si los votantes de ambas formaciones sentirían su voluntad representada si ambas formaciones apoyasen a Javier Fernández.
Cabría destacar el incisivo discurso de Cristina Coto que, sin embargo, no despertó respuestas airadas ni de Javier Fernández ni tampoco de doña Mercedes. Quedó muy clara la ausencia de Cascos, cuya presencia bastaba para sacar de quicio a ambos candidatos.
Hubo lugar para salidas de tono poco versallescas. Por la mañana, la intervención del señor Cueli me recordó, en las formas y el estilo, a su correligionario Pujalte. Y, por la tarde, el señor Lastra tuvo una intervención poco templada contra el diputado Ripa, a quien pretendió darle lecciones de saber y estar, así como de comportamiento, adoptando la actitud de un anfitrión muy poco hospitalario en consonancia con la poca generosidad con que se recibe a lo nuevo y a los nuevos.
Se habló mucho de vieja y nueva política, sin citar ni una sola vez a Ortega, como referente de tal planteamiento al haber sido el título de una famosa conferencia que el filósofo pronunció en 1914.
Al final, aunque el continuismo parezca estar garantizado, conviene no olvidar que la nueva política, con sus contradicciones y ambigüedades, llegó también a Asturias. Y ahora mismo quienes la representan son tratados como intrusos.