De reunión y reunión, el pacto entre la FSA e IU se va acercando cada vez más. Tanto es así que a estas alturas cabe dar por hecho, salvo sorpresas muy inesperadas, que IU votará por Javier Fernández en la próxima sesión de investidura. Lo que no está nada claro es si la coalición liderada por Llamazares entrará en el Ejecutivo desde el primer momento, en el caso de que Podemos no se anime a participar en un Gobierno tripartito. Como máximo, Podemos podría dar el sí a Fernández en la investidura, si bien es cierto que oficialmente Emilio León no descartó hasta el momento nada.
Cabe suponer que, hasta las elecciones generales, consecuentemente con esta óptica, que Javier Fernández gobernará en solitario. Y digo esto porque, para la estrategia de IU, acaso resultase un tanto arriesgado que Podemos se quedase en el Parlamento haciendo oposición desde la izquierda a un Gobierno del que formase parte IU.
Y, a partir de las elecciones generales, según el clima político que haya entonces, todo puede ser posible, sobre todo, la entrada de IU en el Gobierno de don Javier. Lo curioso del asunto es que, en el caso de que se llegase a un pacto entre la FSA e IU, cambiarían los actores principales, pero no las siglas.
Y, por otra parte, llama la atención que ahora la FSA esté dispuesta a combatir los recortes en sanidad y educación cuando el Gobierno actualmente en funciones de Javier Fernández los aplicó a rajatabla. De todos modos, salvo imprevistos de última hora, está claro que IU no se abstendrá en la investidura. Votar a Javier Fernández significará entonar que la derecha de Cherines no pasará.
Dicho esto, cabría preguntarse a qué puede obedecer que IU no se haya cuestionado en ningún momento que muchas de las políticas del actual Gobierno en funciones no fueron en modo alguno de izquierdas. Pero, por lo que se ve, las siglas lo garantizan todo. Aunque siempre podrán esgrimir que, entre el PP y la FSA, lo menos derechista es el PSOE astur. ¡Menos mal!
En otro orden de cosas, siendo indudable que el escenario político, tanto en Asturias como en España, está marcado por la provisionalidad de aquí a las elecciones generales, da la impresión de que nadie se plantea otra provisionalidad en la vida pública llariega, provisionalidad que tiene que ver con lo que pueden dar de sí políticamente hablando determinadas causas judiciales que están en marcha. Por ejemplo, lo relacionado con El Musel. Por ejemplo, lo relacionado en Oviedo con el ‘affaire’ de Los Palacios. En el primer caso, las responsabilidades políticas, si las hubiere, recaerían sobre el PSOE. Y en el segundo está por ver si sólo recaerían en el PP que entonces gobernaba Oviedo.
En fin, provisionalidad, conjeturas, hipotéticas coaliciones de Gobierno para dentro de unos meses. Pero, ante todo y sobre todo, se diría que estamos muy cerca de un ‘sí, quiero’ entre la FSA e IU, al tiempo que Podemos podría asistir al evento en primera fila.
Este posible pacto cuenta con una ventaja añadida: desde que se forme Gobierno hasta las elecciones generales, apenas habrá tiempo para incumplir pactos. O sea, todo abierto, muy abierto. Todo aparente, muy aparente.