Una nueva izquierda que se reinventa con asambleas en la calle, con debates permanentes. Una izquierda nueva que invoca y convoca a la ciudadanía. La juventud se niega a que decidan en su nombre apartándola de la vida laboral y también de la vida pública. Y, mientras todo esto sucede, los viejos partidos se atrincheran en un discurso cada vez más caduco y menos creíble. El fenómeno sociológico más reciente es la reinvención de la izquierda. Un fenómeno más contradictorio que complejo, más inevitable que sorprendente. Un tiempo nuevo ante un periodo histórico que se va abriendo camino en medio de una crisis más grave y de mayor calado de lo que quiere reconocerse desde los discursos oficiales.
¿De qué izquierda estamos hablando? Naturalmente, no nos referimos a un PSOE que –mutatis mutandis– viene haciendo el mismo papel que llevó a cabo el partido de Sagasta en la anterior Restauración borbónica. Hablamos, sólo en parte, de IU, es decir de los pocos dirigentes de esta coalición que han empezado a darse cuenta de que no vale esgrimir un discurso antisistema contra el bipartidismo y, al mismo tiempo, ser, salvo excepciones, el apoyo de uno de los partidos turnantes. Hablamos, sólo en parte, de IU, es decir, de aquellos militantes que cayeron en la cuenta de que la coalición debe abrir puertas y ventanas a los clamores de la calle, clamores indignados contra las contradicciones e injusticias de un sistema político que vino cosechando muchas más decepciones que alegrías.
Hablamos –¿cómo no?– de Podemos, de sus vaivenes y ambigüedades, de sus luchas internas, de sus contradicciones, pero también del aire fresco que están trayendo a nuestra vida pública. Hablamos de una formación política que no sólo está haciendo un daño incontestable al bipartidismo, sino que además produce fisuras en los nacionalismos, y que, a día de hoy, es la formación política que más debate está concitando. Hablamos del partido que mayor protagonismo tiene en esta reinvención de la izquierda. Reinvención de la izquierda en la que también hay otros partidos como Equo que, en algunos casos, se quedó injustamente colgado de este proceso de reinvención y renovación.
Fíjense ustedes: por un lado, está la iniciativa de “Ahora en común” que en teoría pretende reforzar candidaturas como las que triunfaron en Madrid y Barcelona con vistas a las próximas elecciones generales. Dos breves apuntes al respecto: conseguir que encabecen determinadas candidaturas personas que se labraron un gran prestigio a lo largo de una trayectoria coherente es un acierto incuestionable que, históricamente hablando, remite a periodos históricos tan importantes como la 2ª República. Cuando algunos supuestos “politólogos” se ocupan de esto con una superficialidad escandalosa, les convendría documentarse sobre el significado que tuvo la “Agrupación al servicio de la República”.De otro lado, cabe tener ciertas reservas frente “Ahora en común” si se piensa que en las mencionadas candidaturas pueden intentar colarse personajes que abandonan el barco de su viejo partido acaso más por oportunismo que por convicción, al menos en determinados casos.
Fíjense ustedes: por otro lado, está la polémica que acaba de suscitarse a resultas de las listas que el aparato de Podemos acaba de hacer para las primarias. Polémica que tuvo su escenificación en Oviedo en un acto asambleario que concluyó con una contrapropuesta encaminada a que las candidaturas para las generales estén conformadas por personas con arraigo en esta tierra, arraigo que la ciudadanía sentiría como más próximo y democrático que lo que se decidió en Madrid, decisión que suena a “dedazo”.
La reinvención de la izquierda: en los tiempos que vivimos, no es de esperar una izquierda de politburó y burocratizada, una izquierda de consignas como la que hemos venido teniendo, sino contradictoria, evolucionando con aciertos y errores. Pero, ante todo y sobre todo, una izquierda que le dé voz a la juventud y que apueste por combatir la desafección política que vino fomentando el bipartidismo, con su mediocridad y corruptelas, con su profesionalización de la política y sus privilegios de todo punto inaceptables.
La reinvención de la izquierda: no serían del caso las alabanzas y los parabienes, sino la crítica y el análisis. Los personalismos, autoritarismos, narcisismos y otros muchos “ismos” están –perdón por la perogrullada- muy presentes en esta nueva izquierda, lo que no la invalida ni la frena, siempre que no se incurra en dogmatismos y obediencias ciegas tan propias de los partidos clásicos. La calle y la militancia tienen la palabra, voz y voto. Sin esto, se incurriría en otra experiencia fallida nada deseable. Y la calle y la militancia, para tener voz y voto, necesitan el convencimiento de que son partidos abiertos y no chiringuitos.
La reinvención de la izquierda, de una izquierda llamada a jubilar la vieja política, una vieja política que, en el caso de Asturias, poco más puede dar de sí que un continuismo ineficaz y lánguido, salpicado de escándalos de corrupción y de fracasos, protagonizados por endogamias y mezquinas mediocridades.
La vieja política es el espejo en que debe verse la nueva izquierda, en el ejemplo de lo que hay combatir extramuros e intramuros.