“Tener razón es lo más antipático que hay”. (Unamuno).
Pues sí, parece confirmarse que el tema de los sueldos y asignaciones a los grupos municipales constituye una fisura en el gobierno tripartito de Oviedo, y alguien debería ser consciente de que hay planteamientos que, a un tiempo, espantan y decepcionan al electorado.
Los dirigentes de IU carbayones tendrían que asumir que no es de recibo que los recortes y sacrificios recen para el resto de la ciudadanía y no para los cargos políticos. Siendo esto grave y frustrante, no es lo peor del caso, pues resulta aún mucho más inaceptable el tema de los asesores que, por lo que parece, es un calco de lo que pasa en el Parlamentín llariego.
Lo escribí en su momento acerca de la Junta. No me cuestiono ni por un instante que los políticos necesiten asesoramiento técnico en muchos asuntos. Pero ello no debe implicar que dispongan de todo el poder del mundo para nombrar a dedo discrecionalmente. Tiene que haber asesores, muy bien. ¿Por qué no se convocan estas plazas, las que hagan falta, por concurso-oposición o por otro método con criterios objetivos?
En el mismo orden de cosas, ¿por qué no se facilita información pública sobre esas personas que asesoran, así como sus sueldos y las tareas que llevan a cabo? ¿No estamos, acaso, hablando de dinero público, de dinero de los contribuyentes? Y, de paso, ¿por qué no se explican los méritos que concurren en los elegidos, evitando así que se pueda pensar que, en este país, también para la izquierda, poseer el carné de un partido es el ‘mérito’ más y mejor valorado?
¿A alguien podría extrañarle que cundiese la sospecha de que hay asesores sin horario laboral y sin trabajos concretos a realizar, frente a los funcionarios públicos que deben fichar y cumplir? ¿Tan difícil es percatarse de que comportamientos como estos son los que llevan al rechazo y a la desafección ciudadana?
Podemos estar de acuerdo en que los cargos políticos tengan una remuneración digna. Pero no es de recibo que los dirigentes políticos sean los que tengan potestad para decidir sobre sus propios sueldos. ¿No es esto un atropello, no es también un comportamiento de casta? ¿Puede la izquierda incurrir en tan tremenda contradicción?
Espero y deseo que el Gobierno tripartito de Oviedo no se resquebraje por esto. Aun así, ello supone una mancha no pequeña en su andadura.
Por otro lado, no tienen desperdicio las declaraciones del concejal conservador señor Antuña publicadas en EL COMERCIO. Sus arremetidas contra Wenceslao López son de calado, y ello no sólo es injusto, sino que supone además un malestar resultante de no haber aceptado de buen grado una derrota política que, por otro lado, decidió la ciudadanía de Oviedo. Y, claro, como en lo tocante a los sueldos y asignaciones a los funcionarios, no todo es vieja política, la salida de pata de banco resulta mayúscula.
¡Maldito parné! IU empieza este periodo municipal con mal pie a causa de su postura en el tema que nos ocupa y contradice las expectativas de una ciudadanía que apostó por el cambio.
Lamentablemente, puede que no haya posibilidad ya de rectificación, pero, al menos, sí cabe exigir que se expliquen con luz y taquígrafos el porqué y el para qué de esos sueldos y de esos asesores. La callada por respuesta deterioraría aún más las cosas.