Pero lo sublime del espíritu, de los sentimientos y de las acciones debe su esplendor a la necesidad de sobrepasar los límites que circunscriben la imaginación”. (Madame de Staël).
Noches de pólvora y tormentas, entre Cangas del Narcea y El Entrego. La descarga de Cangas del Narcea consiguió lo imposible superándose a sí misma. Toda la pólvora, toda la euforia, todo el coraje, todo el entusiasmo, todos las alegrías y sinsabores concentrados en un año, sí que esta vez tomaron el cielo por asalto en menos de 5 minutos, como los de Amanda con Manuel en la memorable canción de Víctor Jara. El cielo por asalto cuando los incontables voladores se convirtieron en nubecillas que lo poblaron y ocuparon.
Noches de pólvora y tormentas. La tarde y la noche del viernes fueron tormentosas. En El Entrego, el escritor Pablo Rodríguez Medina, al que coronaron como rey Aurelio, leyó un pregón en el que todo tuvo cabida: desde un lirismo estremecedor, que supo compaginar con continuas pinceladas de ironía, hasta conseguir hacer sitio a la intrahistoria de su tierra, tanto a lo vivido personalmente como a aquello otro que supo incorporar, con envidiable percepción poética, de la tradición oral bien recibida y mejor aún expresada.
Noches de pólvora y tormentas. Desde los resplandores intensos e infinitos de la descarga de Cangas hasta los relámpagos que electrificaban el cielo camino de regreso a Lanio tras haber asistido al pregón de Pablo Rodríguez Medina en El Entrego.
Noches de pólvora y tormentas, digo. Que la descarga de Cangas del Narcea haya conseguido, ser aún más intensa y sobrecogedora, en este año 2015, constituyó todo un regalo a la imaginación, todo un prodigio para los sentidos. Y que, por otro lado, Asturias cuente a día de hoy con un escritor de raza al que le duele su tierra en la medida que la ama profundamente, gracias sobre todo a su envidiable capacidad de captación, y que ese escritor de raza consiga aunar en un texto la intrahistoria personal y colectiva, supone, sin duda, mucho, porque, a pesar de todo, se demuestra que hay en esta tierra talento y coraje, talento y coraje que es, al tiempo, esperanza para salir del pozo en que nos encontramos y provocación y desafío frente a tanta impostura y mediocridad.
Noches de pólvora y tormentas. Siempre quedará en la retina el cielo de Cangas al que la descarga tomó por asalto. Desde el fondo de un valle angosto, la explosión de pólvora y de sueños zarandeó los cielos. Esa explosión onírica y telúrica que sale del hondón del sentir colectivo, fuego en la tierra, nubecillas en lo alto. Y en El Entrego, al atardecer del día siguiente, Rodríguez Medina, en una lengua a la que muchos le quieren negar hasta el derecho a existir, habló de la pólvora y de los barrenos, de los sueños y de los clamores de un mundo minero que, en Asturias, sigue esperando por su “Germinal”, que dé cuenta de la gigantesca carga, épica y lírica, que su intrahistoria atesora.
Noches de pólvora y tormentas, en medio del marasmo en nuestra vida pública asturiana, con un candidato y Presidente en funciones que no parece volcarse en un afán por sacar adelante un pacto político estable, pues parece preferir la continuidad. En medio, también, de un marasmo, que ya es de décadas, en el que esta tierra no termina por sacar adelante su enorme potencialidad.
Brazos en alto al final de la descarga de Cangas, brazos en alto que significaban que el espectáculo nos había llevado al cielo en volandas. Emociones, no siempre contenidas, escuchando un pregón en el que su autor devolvía la palabra a quienes le habían imbuido de su intrahistoria y la proclamaba, a un tiempo, con dramatismo e ironía.
Tormentas de verano, una, que ascendió, con lírica y con épica, desde el fondo de un valle con el maltratado río Narcea como testigo. Otra, en la que el cielo parecía haber recibido las proclamas de la intrahistoria manifestadas a través de una lengua a la que muchos quisieran ver muerta. Y, claro, el cielo contestaba, estremecido y estremeciendo, sobrecogido y sobrecogiendo, conmovido y conmoviendo.