Si hay una referencia literaria netamente asturiana en la que los personajes se reafirman mediante el ‘no’, la mencionada obra es ‘La casa de los siete balcones’, de Alejandro Casona. Por eso, no deja de ser paradójico que en la tierra que vio nacer al gran dramaturgo exista una normativa en su parlamento autonómico que impide votar ‘no’ a cualquier candidato o candidata que se presente para presidir el Gobierno.
Lo cierto es que desde la celebración las elecciones autonómicas hasta el momento mismo en que se produjo la elección del presidente autonómico, no dejé de pensar en la Asturias del ‘no’, es decir, en aquella que se reafirma negándose con rotundidad a determinadas cosas. Una Asturias del ‘no’ cuyo fundamento no descansa en negarse a todo por norma, sino en tener muy claro lo inaceptable. Una Asturias del ‘no’ a la que no hay que ver necesariamente como el envés del reclamo electoral de la FSA en las pasadas elecciones autonómicas que se identificaba con ‘la Asturias del sí’, sino esa claridad que nos caracteriza como pueblo que percibió Ortega en sus estancias en nuestra tierra y que consignó en su obra.
Aunque sólo fuese por rendir tributo al extraordinario legado que supone la obra de Casona, el nuevo Parlamento debería acometer con urgencia la reforma del reglamento de elección de presidente, habilitando que se pudiera votar ‘no’, lo que supondría para muchos parlamentarios reafirmar así la voluntad de sus votantes.
Y, al margen de la necesidad de modificar el reglamento de nuestro ‘parlamentín’ en lo que concierne a las votaciones de investidura, toca hablar, en vísperas de que se forme el nuevo Gobierno, de esa Asturias que se reafirma negándose a determinadas cosas. Toca hablar de ella y es un buen momento para que sea posible que se sienta escuchada.
Hablo de la Asturias que quiere reafirmase en la enorme potencialidad de esta tierra y que, precisamente por ello, se niega a resignarse a muchos de los declives que estamos sufriendo, el demográfico entre ellos. Hablo de la Asturias que es consciente de que no es menos digno decir ‘esperteyu’ que murciélago, esto es, la que no se avergüenza de su lengua y la que dejó muy atrás la diglosia. Hablo de la Asturias que muestra su inquietud ante unas políticas medioambientales que pueden poner el riesgo el futuro bajo el pretexto de un supuesto bienestar presente. No sólo se trata de lo acordado sobre la incineradora entre el PSOE e IU, que también, sino además de no mirar para otro lado cuando hay explotaciones mineras que fueron sancionadas por Confederación Hidrográfica y sobre las que actualmente se pronuncia la fiscalía . Hablo de la Asturias que se reafirma al no aceptar que nuestro ‘gobiernín’ mire hacia otro lado ante episodios como éste.
Hablo de la Asturias que está cansada de retrasos e incumplimientos. Hablo de la Asturias que conoce lo que es la geografía del abandono y que se planta ante ello. Hablo de la Asturias que hace frente a caciquismos y privilegios. Hablo de la Asturias que no se resigna, de una Asturias que existe y que espera y demanda que se le escuche. Bien estaría que el próximo gobierno girase un poco sus políticas y su punto de mira y se dejase mirar cara a cara por la Asturias que no se resigna y que, como primera medida, está esperando que se modifique un reglamento parlamentario en donde no hay cabida para el no a la hora de votar candidaturas de gobierno.
1957 fue el año en que se estrenó en Argentina ‘La casa de los siete balcones’, de Casona. Genoveva, el personaje de mayor carga poética del drama, se reafirma en sus sueños y en sus negativas. Al tiempo que ubica su arsenal onírico precisamente en el país donde Casona vivía su exilio. Una añoranza de ida y vuelta entre autor y personaje.
Que la Asturias del no pueda portar como estandarte una obra de semejante envergadura nos reafirma y fortalece contra un conformismo nocivo y decadente. Tomen nota de ello, por favor.