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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

“Reyes caudillos”

No hay problema que resista el ejercicio continuo del pensamiento”. Voltaire.

 

El pasado 26 de julio, Leopoldo Tolivar Alas, publicaba un artículo en EL COMERCIO, tan riguroso en los datos como irónico en gran parte de sus planteamientos, acerca de la curiosa polémica que se está produciendo a resultas de quitar o no la verja del llamado “Jardín de los reyes caudillos”, al tiempo que, gracias a su profundo conocimiento del asunto abordado, daba claves históricas esenciales para entender todo este asunto.

Fíjense bien, se refería Leopoldo Tolivar a “la rinconada del Rey Casto, rebautizada, a partir de un proyecto de 1942, como jardín de los Reyes Caudillos”. El año en que se produjo el cambio de denominación explica claramente la casuística de semejante genialidad. Habría que saber quién se parecía a quién en materia de caudillaje, pero, en este caso, vale más dejarlo estar.

“Reyes caudillos”. Más allá del asunto concreto que aquí nos trae, conviene detenerse  en un asunto que en Oviedo, al menos a mi juicio, está claramente sin resolver. Presten, por favor, atención a esto que digo:

En primer lugar, prevalece la denominación de 1942. En segundo lugar, casi todo el mundo desconoce que, tal y como recuerda Tolivar Alas en su artículo,  fue en tiempos de la República, concretamente en 1935,  cuando el  entonces Alcalde de Oviedo se propuso proteger aquel entorno catedralicio. Sin entrar en otras consideraciones, nadie tiene a bien recordar nada que esté relacionado con la Segunda República, salvo la Revolución del 34, claro está.

En todo caso, la sombra del franquismo sigue siendo muy alargada en nuestra heroica ciudad, no sólo por ausencias, tan clamorosas como injustificables en nuestro callejero, sino también por el desconocimiento, nada inocente, de todo lo que fuese anterior al alzamiento del 36.

“Reyes caudillos”. A estas alturas, resulta divertida la alusión que hizo Tolivar en su artículo al canónigo don Cesáreo Rodríguez y García-Loredo, singular personaje que no sólo escribió un texto en el que “argumentaba” más de veinte “razones” para que Franco fuese nombrado rey de España, sino que además no dejó de manifestar una especial tirria a Unamuno y a Ortega, más al primero, al tiempo que era profesor de religión en la Universidad de Oviedo. Un personaje, don Cesáreo, que daría mucho de sí en una novela, y unas publicaciones, las suyas, la mar de divertidas y rocambolescas, ahora que ya pasaron tantas décadas.

Cabría preguntarse si, en aras del rigor histórico y de la higiene democrática, el enclave del que venimos hablando podría recuperar su denominación anterior a 1942. Desde luego, difícilmente podrían aducirse razones académicas para oponerse a ello.

:: MARIO ROJASEl jardín de los Reyes Caudillos.

 

Y, por otra parte, las relaciones entre el nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de Oviedo y la Iglesia parecen haber entrado en una dinámica racional en la que los dirigentes del Consistorio son conscientes de su papel, que no es otro que el interés de la ciudad, sin sumisiones medievales del poder temporal al poder espiritual.

Estoy convencido de que incluso la jerarquía eclesiástica es sabedora de que la Patrística y la Escolástica se quedaron muy atrás en el tiempo, incluso en nuestra heroica ciudad.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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