Toda una referencia ética y estética don Joaquín Fernández. El personaje en cuestión comenzó su ascenso meteórico en el partido conservador en el momento en que arremetía contra Cascos cuando el ex presidente de Asturias abandonó el PP y fundó FAC. Andando el tiempo, conoceríamos conversaciones telefónicas suyas en las que se plasmaban sus insomnios por el interés general de la sociedad asturiana. Sin sus afanes y desvelos, a saber qué sería de todos nosotros. ¡Qué personaje!
Toda una historia vergonzante la que venimos conociendo a resultas de este affaire astur-galaico que parece no tener fin. Toda una plataforma para conocer mundo que facilitaba, según parece, la susodicha empresa a muchos políticos asturianos.
¿Hasta cuándo seguiremos conociendo episodios sobre este caso que pone claramente de manifiesto las consecuencias de unas ansias privatizadoras que, en lugar de ahorro y eficacia, lo que generaron fue principalmente corrupción?
¿Nadie se habrá planteado nunca que, desde el momento mismo en que se privatizaron en muchos ayuntamientos servicios básicos como la recogida de basuras y el suministro de agua, dejaban de tener en gran parte sentido los propios consistorios?
El caso ‘Aguagest’ no sólo es un culebrón más de corruptelas entre los muchos que nos abochornan, es también un ejemplo de libro de lo que vino sucediendo en la política municipal asturiana. Y es que, si vamos más allá de las últimas noticias sobre el particular, con aclaraciones y desmentidos de algunos protagonistas, no hay que olvidar que, en el asunto que aquí nos trae, las personas implicadas no pertenecen a un solo partido político.
Tenemos demasiado cerca una nauseabunda historia de privatizaciones y recalificaciones de terrenos, es decir, de corruptelas en el ámbito de la política local, la más cercana a la ciudadanía. Tan cerca está que los escándalos no dejan de producirse. Y, en el caso de Asturias, habría que añadir también la manga ancha con que muchos ayuntamientos concedieron permisos a canteras.
Todo ello transformó nuestro paisaje: montañas heridas, explotaciones peligrosas desde el punto de vista medioambiental, al tiempo que las crestas de nuestras montañas se llenaron de eólicos. Éste es el paisaje físico. Pero es que además hay otro: el que queda después de tantas corruptelas, el que queda después, no de una batalla, sino de toda una guerra contra nuestro paisaje y nuestro medio ambiente.
Aun así, no nos escandalizamos lo suficiente. Aun así, parece que tenemos como sociedad sangre de horchata. Aun así, los principales partidos implicados en tantos desmanes no se hunden electoralmente. Con todo, el declive de un modo de hacer política es incontestable. Y, si alguien no quiere percatarse de esto, padece una ceguera intuitiva de difícil curación.
Resulta que ni siquiera en pleno periodo vacacional, hay descansos y treguas para una continua escandalera con tantas salpicaduras. Resulta que no basta con salir al paso con declaraciones de urgencia por parte de las cúpulas de los partidos. Resulta que la retórica huera no vale en casos como éste que no sólo pone de manifiesto corruptelas más o menos puntuales, sino que da cuenta muy claramente de un modo de hacer política que nos hace recordar mucho aquella fanfarronada de un conocido personaje público que dijo estar en política para forrarse.
¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo nos seguirán obligando a taparnos la nariz?