“Nuestros actos están unidos a nosotros como al fósforo su luz. Nos consumen, verdad es, pero producen nuestro esplendor”. (Gide).
Caunedo y Pecharromán afirman haber costeado los viajes que hicieron en compañía de don Joaquín Fernández. El señor Aréstegui se declara indefenso y manifiesta no tener intención alguna de dimitir. Doña Isabel Pérez-Espinosa hace sus puntualizaciones. Doña Mercedes Fernández suspende sus vacaciones y se pone al pie del cañón apostando por la transparencia, al tiempo que establece muy nítidas diferencias entre los viajes del ex Alcalde de Oviedo y la situación del dirigente avilesino de su partido.
Más allá (y más acá) de Aquagest. Sin entrar en el fondo del asunto, que se irá conociendo en detalle con el tiempo, no es fácil pasar por alto que estamos hablando de personas que en su mayor parte no han tenido otra dedicación que no sea la política. Y que, de un modo u otro, recibieron como compensación a sus servicios prestados canonjías en destinos públicos gracias a lo que eufemísticamente se conoce como “libre designación” y que en “sermo vulgaris” podemos denominar gracias al dedazo de turno.
Más allá (y más acá) de Aquagest. ¿No tendría que abrirse un serio debate que entrase a fondo en las razones (o sinrazones) que llevaron en su momento a la mayoría de nuestros Consistorios a privatizar servicios tan básicos como la recogida de basuras o el agua? ¿Podría demostrarse con datos que la ciudadanía salió ganando como consecuencia de semejantes medidas? ¿Hay alguna formación política que esté dispuesta a hablar claro a la ciudadanía en el sentido de explicar con concreción qué coste tendría a día de hoy recuperar servicios privatizados? ¿No hay en este sentido alguna que otra hipoteca que tendrá que costear también la ciudadanía?
¿Qué piensa hacer doña Mercedes tras este nuevo escándalo? ¿Tiene algo que decir la FSA al respecto, o considera que manifestarse sobre ello sólo le concierne al PP?
Miren, hay personajes que, en lo que toca al escenario de la vida pública, están en una especie de limbo disfrutando de su canonjía hasta que la atención mediática los recupera y, a resultas de ello, se ven obligados a salir a la palestra. Y, con ello, se pone de relieve, más allá de que hayan incurrido o no en irregularidades, la injusticia que supone compensar los servicios prestados al partido de turno con unos cargos públicos para cuya consecución no constan más méritos que “lealtades inquebrantables” y veteranía en la posesión del carnet del partido. Semejante realidad es tan incontestable como deprimente. Semejante realidad no puede no generar indignación ciudadana.
Y, por otra parte, algo muy grave está sucediendo desde hace tiempo en los grandes partidos políticos asturianos. Cuando salió a la luz la fortuna oculta de Villa, nadie en el PSOE había sospechado lo más mínimo. Cuando transcendieron algunas conversaciones telefónicas de don Joaquín Fernández, nadie en el PP parecía estar al tanto de sus heroicas y filantrópicas andanzas. Tienen vista de lince nuestros principales dirigentes. Y, aun así, nadie hace autocrítica por la ceguera de quienes confiaron en personas tan poco ejemplares.
Más allá (y más acá) de Aquagest. ¿No es inquietante, muy inquietante, la situación del señor Aréstegui? Bien pensado, el PP no gobernó en Avilés desde 1999. ¿Entonces?