Cuando escribo estas líneas, acabo de tener noticia de los últimos datos del CIS sobre la intención de voto en España. Asimismo, EL COMERCIO informa acerca de los dineros consignados presupuestariamente en 2016 para la autovía de la Espina. Y, llegados a este punto, me temo que, una vez más, estemos siendo víctimas de una tomadura de pelo, porque resulta que también había una cantidad asignada para 2015, y, a día de hoy, no hay ni una carretilla en funcionamiento de ninguno de los tramos pendientes de esta autovía. Y es que, por estos lares, ya tenemos la experiencia de lo que significa consignar cantidades para obras que nunca empezaron, como, por ejemplo, las de la rehabilitación del Monasterio de Cornellana que nunca se pusieron en marcha. Hablo de dinero estatal.
Pero, volviendo a lo presupuestado para esta autovía en 2015, lo cierto es que no es fácil poder explicarse que no se haya aprovechado ni la primavera ni el verano para acometer las obras. Y, por supuesto, nadie tuvo a bien pronunciarse al respecto. Así pues, o bien, comienzan las obras en otoño, con los días mucho más cortos y con las condiciones climáticas mucho menos favorables, o bien estaremos siendo víctimas, una vez más, de una tomadura de pelo indignante.
Miren, si hacemos una fugaz memoria de lo acontecido en esta autovía, se habló durante años «del horizonte de 2009» como finalización de las obras. Luego, en el verano 2010, cuando ‘Pepiño’ Blanco vino a inaugurar el tramo entre Grao y Doriga paralizó el resto de las obras. Y, así estamos, con los tramos paralizados desde entonces entre Doriga y Cornellana, entre la capital salmonera y Salas, añadiendo a eso que se paralizó también la segunda calzada entre Salas y La Espina.
O sea, cinco años de parálisis. Y resulta que nadie se sonroja. Y resulta que, tanto el PP como el PSOE, insisten en lo mucho que nos aman sus señoritos madrileños. O sea, que todos estos parajes amenazan con seguir formando parte de la geografía del abandono.
Lo cierto es que al PSOE llariego le falta autoridad moral para exigir al Gobierno central que se ponga fin a estas obras. Lo cierto es que doña Mercedes no puede tener argumentos para defender lo que su partido decide en Madrid con respecto a Asturias. Resulta que, mientras tanto, el declive demográfico no para. Resulta que, hasta el momento, la indignación ciudadana de estas comarcas se viene tornando en escepticismo, sin dar el paso a la exigencia y sin haber castigado electoralmente a los partidos implicados, tal y como la lógica podría dictar.
Sea como sea, alguien tendría que haber pedido explicaciones ante el hecho de que, aun con una consignación presupuestaria exigua, las obras no hayan empezado en el presente año. Y, por otro lado, alguien tendría que garantizar que las obras van a hacerse sobre el terreno, más allá de lo que figure en el BOE.
Esta geografía del abandono es un insulto a la inteligencia y a la dignidad ciudadana, insulto que se viene prolongando, al menos, durante los últimos cinco años.