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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

De cuando Oviedo fue Camelot

«Nada es tan difícil como no engañarse». (Ludwig Wittgenstein).

 

La noticia publicada por EL COMERCIO acerca de la enorme suma de dinero que reclama Jovellanos XXI al Ayuntamiento de Oviedo pone de manifiesto las consecuencias de la megalomanía del entonces primer edil de Vetusta y toda su corte milagrera de palmeros que apostaban por un grandonismo ridículo, que, a día de hoy, amenaza con ser muy costoso para la ciudadanía a la que le toca con sus impuestos hacer frente a las hipotecas ‘diferidas’ de la etapa política de Gabino de Lorenzo al frente del Consistorio, a no ser que los servicios jurídicos locales puedan impedirlo.

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M. ROJAS
Gabino de Lorenzo saluda a Santiago Calatrava.Hay que reconocerlo: Oviedo fue Camelot. Se hablaba de una operación llamada ‘los palacios’, como si esta ciudad fuera una especie de Corte de los Milagros y como si aquí mandara un Rey Midas reencarnado. Y, al mismo tiempo, el Prerrománico no merecía ni afanes, ni desvelos, ni la protección necesaria. ¿Para qué?

¿Pero qué palacios? ¿De verdad, podemos estar satisfechos y orgullosos de la obra que nos dejó aquí Calatrava, que parece una gigantesca ala de pájaro disecado de la que el óxido se viene apoderando? ¿Pero qué palacios? ¿Acaso estaban masturbándose la mente con una ciudad plagada de residencias de lujo para jeques árabes?

Aquí nada se le ponía por delante a Gabino de Lorenzo. Había que ampliar el Campoamor, había que hacer un hípico, había que construir los palacios. Había que erigir un Palacio de Justicia. Hasta hubo quienes aplaudieron aquella ocurrencia del señor Calatrava de las tres torres inclinadas. ¡Sería por perres! ¡Sería por falta de afanes faraónicos!

¡Cuánto camelo! ¡Cuánta horterada! ¡Cuántos abigarramientos! Todo era posible. Y, desde luego, no faltaban pesebreros ni oportunistas animando el cotarro.

Fíjense: el Calatrava oxidado. El complejo del antiguo hospital vallado y vacío. De la llamada parcela del Vasco, mejor no hablar. De los números rojos del hípico en Llanera, también tenemos información. Y a saber en qué da al final lo de villa Magdalena.

Sin duda, Oviedo fue Camelot. Eso sí, un Camelot a imagen y semejanza de Gabino de Lorenzo. Pero aquí el problema no es sólo una estética infame y ruinosa. Aquí, se cierne la amenaza de un endeudamiento que ya se sabe bien a quién le tocará asumir. Ante ello, responsabilidad cero. ¡Genial!.

Pero volvamos al Calatrava. ¿De verdad tuvo sentido demoler el viejo Carlos Tartiere y privar a la ciudad del privilegio que suponía un estadio de fútbol tan céntrico? ¿Tenemos que creer que no había otra solución? ¿De verdad fue necesario que la Administración autonómica se implicase en aquel delirio, ubicando allí la Consejería de Cultura? ¿De verdad, le dio y le da vida a Oviedo el palacio de marras?

No sólo hablamos de un estropicio estético, no sólo hablamos de óxido. Hablamos también de las consecuencias que tuvo todo aquello para Sedes. Hablamos también del dinero público que se malgastó. Hablamos, en fin, de las responsabilidades que le reclaman al Consistorio.

Habrá quienes se llamen a andanas. Habrá quienes teman que alguien tire de hemeroteca para dejar bien claro que pueden criticar ahora lo que en su momento alabaron sin pudor. Y, sobre todo, habrá quienes quieran ocultar inútilmente tanto despropósito esperando que escampe Dios sabe cuándo y Dios sabe cómo.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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