¿Cómo evitar quedarse uno patidifuso al ver a los señores Pino y Braga saliendo a la palestra en calidad de poderes fácticos del entramado político llariego cuando sus resultados en las elecciones sindicales en sectores clave no invitan a triunfalismo alguno? Y, por otro lado, ¿puede negarse lo hilarante que resulta su mera puesta en escena al unísono, que intenta negar la existencia de otros sindicatos?
Miren, me puedo imaginar los rostros de la mayoría de los profesionales de la sanidad cuando leyeron en EL COMERCIO las soluciones que proponían estos señores tan clarividentes. Me imagino el sonrojo ajeno de quienes no sólo no se sienten representados por ellos, sino que además se saben indefensos en lo que respecta a sus condiciones de trabajo. Me consta, por citar lo que me toca más de cerca, la escasísima afiliación sindical en el sector de la tiza, así como los resultados de las últimas elecciones sindicales en el ámbito docente. Y, aun así, ninguna autocrítica. Y, aun así, ningún acercamiento a los supuestos representados para conocer el estado de la cuestión del profesorado.
¿Qué puede ocurrir en Asturias para que no haya apenas ruedas de prensa en las que tengan presencia la mayoría de los sindicatos? ¿Qué puede estar ocurriendo entre nosotros para que, liderando la decadencia en casi todo, los dos principales líderes del ‘bisindicalismo’ astur estén tan encantados de haberse conocido?
No hace mucho, en una carta abierta a don Justo Rodríguez Braga, le decía que cada vez recordaban más al sindicalismo vertical. Y lo cierto es que desde los ámbitos de poder político se cuenta con ellos como si no hubiera más sindicatos en Asturias. Y lo cierto es que comparecen en la vida pública sin dar acuse de recibo en ningún momento de que cada vez cuentan con menos afiliados. ¿No les debería preocupar tal cosa?
Ignoro cómo se manejan puertas adentro para apenas tener contestación interna. Pero, en todo caso, un poco más de realismo sería obligado de su parte.
¿Se habrán preguntado alguna vez lo que pueden pensar de ellos las generaciones jóvenes a las que, desde luego, no apoyan, especialmente en la enseñanza donde tienen prácticamente cerrado el paso? ¿Se habrán preguntado alguna vez si se pueden sentir orgullosos de que la inmensa mayoría de los colectivos en lucha, que no son recibidos por un Gobierno que es de izquierdas en sus siglas, no tienen la más mínima esperanza de ser defendidos por los sindicatos que lideran estos dos señores?
Siendo más necesario que nunca el sindicalismo, en un momento en que no sólo se recortan los salarios, sino también los derechos de los trabajadores, ¿de verdad pueden creerse los señores Rodríguez Braga y Pino que están cumpliendo con su tarea, que socialmente se tiene confianza en ellos?
El mundo al revés. Un Gobierno que se reclama de izquierdas y que se niega a recibir a colectivos de trabajadores en lucha, que tiene en los sindicatos mayoritarios unos aliados leales y fieles. Pero, ¿a quién defienden? ¿Pero a quién apoyan? Y, aun así, salen a la palestra pública como poderes fácticos.
¡Qué locura de vida pública! ¡Qué desvarío! ¡Cuánta impostura!