Leo en EL COMERCIO que doña María Luisa Carcedo y don Fernando Goñi han tomado posesión como senadores, cargo al que acceden por designación de la Junta General del Principado. Sin duda, Asturias subirá el listón en la política nacional gracias a tan notorios personajes. Sin duda, el PSOE y el PP llariegos tomaron sus decisiones persuadidos de que con estos nuevos parlamentarios en la llamada Cámara Alta nuestra tierra contribuirá a que el parlamentarismo español mejore más aún. Estamos de enhorabuena, no lo duden.
Escuché unas declaraciones de doña María Luisa Carcedo acerca de su nuevo destino en la política. Sin duda, la emoción que sentía le jugó una mala pasada a la hora de expresarse, pues sus palabras no están llamadas a formar parte de las mejores piezas oratorias que en el mundo han sido.
Por otro lado, don Fernando parece muy satisfecho con la designación. Y no cabe ninguna duda de que considera justo que su partido le haya concedido tan importante canonjía, tras tantos años de sacrificio al servicio de la formación conservadora, tras tantos años desvelándose y afanándose por el bien de Asturias.
¿Y qué decir de doña María Luisa Carcedo? No cabe poner en entredicho su veteranía en la política llariega. ¿Qué sería de su partido y de nuestra tierra sin ella? Claro está, por otro lado, que siempre contó con el afecto y confianza de los dirigentes de la FSA. Y, por supuesto, ni por un instante cabe albergar la más mínima duda de que defenderá en la Cámara Alta los intereses de esta tierra.
Podemos dormir tranquilos con la certeza de que Asturias va a estar bien representada en la Cámara Alta. Podemos respirar aliviados en el sentido de que está claro que los grandes partidos llariegos pensaron en su ciudadanía y no en premiar servicios prestados, ni tampoco en librarse de presencias más o menos incómodas. Ante todo, Asturias, oiga usted. Y nada de amiguismos, ni otras triquiñuelas.
Y, por otro lado, no hay que perder de vista que, con esta amplitud de miras demostrada por nuestros grandes partidos, se contribuye también a que el prestigio del Senado no se siga deteriorando. No perdamos de vista que, muy pronto, se verán los resultados de sus trabajos y sus días en tan imprescindible institución democrática.
Bueno, hablando en serio, acaso resultaría muy pertinente tomar nota de este hecho y, a resultas de ello, preguntarse si no va siendo hora de que nos replanteemos eso tan clásico que habla del alcance de niveles de competencia e incompetencia; si no va siendo hora de que nos preguntemos si no es el momento de forjar y forzar que desde la ciudadanía que se produzca un punto de inflexión en lo que se refiere a nuestro conformismo y resignación, punto de inflexión encaminado a esperar más y a exigir más, si no queremos caer en el desánimo de una forma inquietante.
¿No les parece?