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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

El silencio del patriarca

 

¡Cuánto silencio por parte de un líder sindical al que siempre le encantó explayarse acerca de sus afanes y desvelos por el bien de Asturias y sus trabajadores! ¡Cuánto silencio por parte de un personaje que nunca se mostró amnésico a la hora de recordar lo mucho que le debían sus delfines y protegidos! ¡Cuánto silencio por parte de uno de los hombres que más poder político atesoró en Asturias! ¡Cuánto silencio, digo, y qué clamoroso es!

Desde que transcendió en la prensa el escabroso asunto de su fortuna oculta, maese Villa no se pronunció en público al respecto. Y lo más grave no es, desde luego, que ocultase a Hacienda todo un fortunón, sino que, a día de hoy, seguimos sin saber su procedencia. Lo que nos hace inevitablemente ponernos en lo peor. Pero, con todo, más escalofriante resulta aún que en la Asturias oficial nadie sabía nada, especialmente, ni en su sindicato ni en su partido. En este sentido, lo menos grave que se puede decir es que adolecieron de una ceguera tan dañina como manifiesta.

Lo cierto es que resulta desolador pensar que esta tierra, políticamente hablando, haya estado durante décadas bajo la influencia de un personaje así. Lo cierto es que resulta indignante que las sospechas que había sobre Villa acerca de sus comportamientos en la época franquista no llevaran a nadie, oficialmente hablando, a indagar hasta el final acerca de ese asunto. Lo cierto es que resulta inquietante que Asturias haya sido gobernada durante décadas por una FSA en la que Villa mandaba, y mucho. Lo cierto es que resulta muy turbio y turbulento pensar en las excelentes relaciones que el líder sindical mantuvo con los prebostes peperos y con no pequeña parte del mundo empresarial. ¿Puede acaso sentirse orgullosa esta tierra de que Villa haya sido una especie de sátrapa político durante décadas?

Pero vayamos al meollo del asunto. Es muy inquietante que Villa alargue durante tanto tiempo su silencio, salvo que su estado de salud se lo siga impidiendo. Y no sólo es inquietante en el sentido de que ello puede reflejar que no cuenta con argumentos para defender su honor, sino también por el hecho de que tampoco se pronunció en torno a todos aquellos que lo adularon hasta la náusea y que ahora reniegan de él.

Y, por otra parte, no resulta fácil entender que su sindicato desconociese hasta el momento los gastos que ocasionaba Villa al SOMA sin que se los haya reclamado. En el más favorable de los supuestos, cabría pensar que se le concedió a este hombre un estatus que conjuga muy mal con los criterios de cualquier organización obrera que se precie.

Y ahora resulta que todo el mundo saca pecho contra él, hasta don Cándido Méndez habla de rigor y seriedad. Y esto lo dice el líder sindical que debió de enterarse por la prensa del asunto de los ERE de Andalucía. Y esto lo dice el líder de un sindicato que pierde prestigio y afiliación cada día.

Lo dicho: el patriarca en silencio. Frente a ello, los que le escribieron discursos, los que lo colmaron de elogios, los que lo declararon gran benefactor de Asturias, los que lo consideraron irrepetible e imprescindible, los que se lo deben casi todo en su carrera política, y así un largo etcétera, se refieren a maese Villa como un apestado. Desde luego, muy perspicaces no fueron.

Y seguimos preguntándonos hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo seguirá maese Villa prolongando su silencio.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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