«Travesedo era muy dado al placer venéreo y a las disquisiciones metafísicas». (Pérez de Ayala. “Tinieblas en las cumbres”).
Esta vez, sí, esta vez resulta que un episodio de corrupción, que amenaza la estabilidad de unos cuantos profesionales de la política llariega, es noticia en la prensa nacional. Esta vez la transitividad superó la cordillera. Se ve que vamos a más, que se nos va conociendo por nuestra ejemplar vida pública. ¡Madre mía!
Seamos precisos y rigurosos: no podemos negar que el tal don Joaquín Fernández, considerado por la juez instructora del caso “el abrelatas” de la trama de aquagest, es un pozo sin fondo como inspiración literaria. Para ello, basta con echar un vistazo a las anotaciones de los gastos que hubo en tan placenteros viajes. Que haya anotaciones que hablan de “Putiferios”, así como de “putas y varios” en Dubrovnik, además de otras cosas, demuestra que don Joaquín fue muy meticuloso en sus apuntes contables de semejantes esparcimientos. Este buen señor hubiera hecho las delicias de Camilo José Cela, y, sin duda, tendría sitio en una de sus novelas carpetovetónicas.
Claro, estos viajeros conocieron mundo, ampliaron su cosmopolitismo y, sin duda, gracias a estos divertimentos, regresaron a sus onerosas obligaciones con mejor temple para afrontar las durísimas y sacrificadas tareas que venían desarrollando en pro del interés general de Asturias.
Putiferios. Lo dicho: había que ampliar horizontes. Es más, seguro que más de uno confrontó sus lúdicas experiencias en vivo y en directo por tan lejanos y exóticos parajes con las peripecias que les suceden a los personajes ayalinos de la novela “Tinieblas en las cumbres”, novela lupanaria, que nuestro insigne literato firmó en su momento con el seudónimo de Plotino Cuevas, cuya trama de desarrolla en prostíbulos de Pilares (Oviedo) y en el puerto de Pajares. Lo que me permito poner en duda es que, entre estos viajeros alegres y confiados, hubiese personajes como el ayalino con una irresistible tendencia a las disquisiciones metafísicas. Pero vaya usted a saber.
“Putas y varios”. ¡Qué barbaridad! ¿Qué hubiese dicho, ante semejante “concepto” contable el personaje galdosiano de “La desheredada”, que era un hacendoso “tenedor de libros” (contables)? Por lo visto, en el caso que nos ocupa, lo que se tenía y se sostenía era muy distinta cosa.
¡Cuánta sordidez, Dios mío, cuánta sordidez! Estamos ante episodios de la picaresca más cutre. Estamos ante comportamientos propios de patanes adinerados. Estamos ante un olor a podrido irrespirable incluso para los olfatos más resistentes.
Y, dejando por un momento aparte estas historias tan zafias y chabacanas, ante la dimisión de Aréstegui a resultas de la escandalera que en torno a todo esto se está generando, sigo sin comprender cómo es posible que, siendo Avilés un municipio gobernado por el PSOE en el momento en el que se investiga esta trama, sea, sin embargo, un político del PP quien es objeto de las pesquisas de la magistrada que está a cargo del sumario. ¿Qué podía tener un edil de un partido que estaba en la oposición para beneficiar, presuntamente, a una empresa que había sido contratada por un Equipo de Gobierno del PSOE? Insondable misterio, mire usted.
O sea, casi cuarenta años de democracia, y resulta que hay cargos públicos que en sus viajes de placer observan unos comportamientos que en nada tendrían que envidiar a lo que hacían los personajes reprimidos de aquel cine casposo y cutre previo al destape.
Aquí no hay “César o nada”. Aquí no hay sensibilidades artísticas a la hora de contemplar un eclipse, como era el caso del alter ego ayalino Alberto Díaz de Guzmán. en la novela a la que hemos hecho mención. Aquí lo que hay es una chabacanería que asusta y horroriza. Aquí lo que hay es una mal llamada clase política en la que prolifera, ante todo y sobre todo, lo bochornoso.
Lean, señores de los apuntes contables de don Joaquín, la novela ayalina. Se encontrarán con una prosa deslumbrante y con una ironía corrosiva.
Igual aprenderían algo.