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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

¿EL ABRAZO DE VERGARA? (Sobre la coalición PP-FORO)

«Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan» (Nietzsche).

Una vez que ya está confirmado el pacto electoral entre el PP y Foro Asturias, surgen muchas preguntas y, sobre todo, la perplejidad es inmensa. ¿Cómo puede pasar el partido casquista, sin despeinarse, de las continuas acusaciones al PP considerándolo, de un lado, cómplice de las lesivas políticas del Gobierno de Rajoy para con Asturias, y, por otra parte, reprochándole de continuo su alto grado de entendimiento con el PSOE llariego, a mostrarse complacido y complaciente en compañía de los hasta hace muy poco corresponsables de la decadencia de Asturias, según el discurso de la formación política que ahora lidera doña Cristina Coto?

Miren, a día de hoy, podría decirse que lo que vino sucediendo entre Foro y PP fue –‘mutatis mutandis’– una especie de guerra carlista entre ambos partidos astures, que se dieron a degüello, que fueron goyescos en sus embestidas dialécticas, que amplificaron cuanto pudieron los decibelios de su ruido y su furia. Pero, al final, el abrazo. Pero, al final, el acuerdo. Pero, al final, la familia conservadora llariega vuelve a estar unida, vuelven los hijos pródigos por Navidad. Enternecedor.

Miren, el relato (por no decir el serial melodramático) de lo acontecido entre las dos facciones de la derecha asturiana seguiría, a mi modo de ver, la trama que les detallo a continuación: tras la pelea entre Marqués y Cascos, que tantos cadáveres políticos dejó por el camino, el entonces hombre fuerte del aznarismo decidió poner a cargo de su hacienda política en esta tierra a unos guardeses que, imagino, le parecieron de confianza. Pongamos que Ovidio Sánchez. Pongamos que Gabino de Lorenzo. Y, andando el tiempo, debió de considerar que estas buenas gentes no fueron todo lo leales y eficaces que don Francisco esperaba y exigía. Episodios broncos como el que provocó que Cascos cambiase su ficha de militancia a Madrid, tras lo sucedido entre Cherines y Pilar Fernández Pardo. Arremetidas supuestas como las palabras que le espetó Cascos al señor Aréstegui en un congreso, y otros lances más.

Pero, en un momento dado, Cascos decide volver a la política activa. Y estaba claro que para su proyecto de convertirse en el Fraga llariego ya no contaba con sus antiguos fieles. Y, de otra parte, los hechos demostraron que Rajoy no estaba por la labor de apostar mucho por él.

Consecuencia: la conocida ruptura, con la carta de despedida remitida a la sede nacional del PP, la creación de un partido político. Y las peleas goyescas entre los peperos de esta tierra, con Gabino como jefe de filas, nombrando un triunvirato de candidaturas, frente a Cascos, que traía como impedimenta a exmilitantes del PP, pero también a gentes que creyeron en su proyecto. En aquellas elecciones de 2011, con un PSOE herido por el ‘caso Renedo’, con un PP que puso al frente a la señora Pérez-Espinosa, Cascos obtuvo unos magníficos resultados, pero, ¡ay!, no alcanzó la mayoría absoluta, que sí tenían entre PP y Foro, pero no se pusieron de acuerdo en nada. Cuando adelanta las elecciones Cascos, el PP le pone enfrente a Mercedes Fernández, que compartía con Ovidio Sánchez un currículum plagado de derrotas electorales, pero que había sido una de las personas más leales a don Francisco. La ruptura familiar, políticamente hablando, era gigantesca. Y tampoco se entendieron. Es más: doña Mercedes llegó a pactar con Javier Fernández los últimos presupuestos autonómicos.

Y, al final, como es marca de la casa en Cascos, todo se precipita. Un buen día hace saber que no encabezará la candidatura de su partido. El batacazo electoral es grande. A partir de ahí, la familia vuelve a acercarse hasta el momento de cristalizar esta coalición electoral.

¿Y ahora? ¿De verdad se pueden soslayar con una firma y unas cuantas sonrisas todo lo que vino aconteciendo en los últimos cinco años, desde que Cascos pronunciara aquel discurso en Valencia de Don Juan, de gran altura oratoria, por cierto? ¿De verdad esta guerra tan aparentemente tremenda fue alguna vez en serio? ¿De verdad pueden creerse los unos y los otros que el electorado conservador asturiano puede estar conforme con el actual estado de las cosas?

¿No suena todo esto a pantomima, a paripé? ¿Qué podrán decir ahora los frentes mediáticos que dispararon artillería pesada contra Cascos desde el primer momento, frentes mediáticos que, si se tira de hemeroteca, incurrieron en la contradicción de haber avalado y alabado a Cascos cuando fue ministro de Aznar? Miren, el capítulo de incoherencias de los unos y los otros es tan sórdido como el de los cañonazos que se vinieron dando los dirigentes conservadores astures.

Abrazo de Vergara. Hermanamiento familiar. Calor navideño.

Al final, ¿qué? ¿Una tomadura de pelo en toda regla?

Pues eso.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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