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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

En memoria de José Manuel Palacio

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. (Borges).

Todo un acto de justicia poética que en el callejero de Gijón figure el nombre de un ciudadano que en su momento ejerció, con pulcritud democrática. como primer edil de la ciudad. Hablamos de un personaje público cuya trayectoria política estuvo marcada por la honestidad. Mientras otros daban abrazos por doquier, mientras otros se adaptaban a los tiempos de bandazo en bandazo y tiro porque me toca, José Manuel Palacio, al que acusaban de triste, se rigió en todo momento por una hoja de ruta marcada por el rigor y la austeridad.

Por lo que leo en EL COMERCIO, es el grupo municipal Xixón sí puede quien toma la iniciativa de que el ex regidor de la villa de Jovellanos tenga una calle en su propia ciudad. Claro está, como era de esperar, no es el PSOE el que hizo la propuesta. ¡Qué cosas! Cuando se escriba la historia política de Asturias desde la transición a esta parte, el episodio en el que se decidió que Palacio no fuese el candidato a la Alcaldía formará parte de lo peor que nos ha sucedido en nuestra vida pública. Y, por supuesto, el agravio no fue que se designase a otro candidato, sino la forma en que aquello se llevó a cabo.

José Manuel Palacio fue siempre un ciudadano para el que la izquierda no era un asunto de siglas, sino de políticas, y podría decirse que, hasta su último aliento, fue consecuente con su ideología, algo que muchos otros no pueden decir sin faltar a la verdad.

En su momento, me refirieron anécdotas que daban cuenta de su austeridad casi extrema, lo que colisiona de lleno con lo que vino siendo la forma de hacer política en las últimas décadas tanto en Asturias como en España.

Memoria, espejo roto. Memoria, la «ciega abeja de amargura» de la que habló el poeta. Memoria, maestra insobornable que pone a todos en su sitio. Memoria, bendita memoria, que arroja luz sobre un pasado, en este caso reciente, en el que muchos no pueden ni quieren mirarse, porque saben que el dedo acusador de las incoherencias y añagazas apuntará de forma tan certera como impecable.

Hacer políticas sin despilfarros. Tener como guía en el hacer y en el decir unas elementales normas de actuación que no permiten nunca desdecirse ni tampoco incurrir en retóricas falaces. Atesorar un patrimonio de coherencia y seriedad. Regirse, a la hora de hacer política, por el convencimiento de que el poder no es algo que tiene que ser ocupado en primer término por condicionamientos clientelares, sino que se trata de un acto de servicio a la ciudadanía desde un proyecto colectivo, en este caso, para una ciudad.

Estoy convencido de que el recordatorio de la figura de José Manuel Palacio sonrojará a muchos, pues pone en evidencia a quienes no tienen la honestidad como imperativo.

De todos modos, habrá quien se apunte al coro de elogios al personaje que nos ocupa. Toca hablar bien de él, aunque, en el fondo, todo chirríe.

Y es que, en ocasiones, hay trayectorias que ponen sobre el tapete que ni el socialismo ni la política eran esto.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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