Demasiadas contradicciones en la campaña electoral del 20 de diciembre, muchas más de las que el guion más laxo podría contemplar, especialmente en el ámbito llariego. Tiene razón don Javier Fernández al poner de relieve que no es fácilmente justificable que el PP y FAC hayan acordado una coalición electoral, cuando la formación casquista se pasó toda la legislatura cargando las tintas contra el Gobierno de Rajoy por hacer unas políticas lesivas para Asturias. Y que esa prédica tan duradera haya sido sólo ruido. Lo malo es que el propio presidente parece querer soslayar que, frente a ello, el entendimiento entre el PSOE y el PP llariegos fue manifiesto desde el momento mismo en el que se formó el Parlamento autonómico tras la victoria electoral de Cascos en 2011. ¿Hace falta recordar una vez más que el grupo parlamentario de la FSA confundió a don Fernando Goñi con Besteiro y le dio la presidencia de la Junta? ¿Hace falta recordar, otrosí, que hace un año el Gobierno que presidía don Javier pactó con el PP los presupuestos autonómicos?
¿Y qué decir de IU? ¿Puede resultar creíble que el señor Orviz esboce un discurso izquierdista al tiempo que, de puertas adentro, su coalición sea el principal apoyo del PSOE? ¿Se puede ser izquierdista antisistema en Madrid y segunda marca del PSOE en Asturias? ¡Ay!
Cierto es que la coalición entre PP Y FAC es tremendamente contradictoria, máxime cuando tuvieron la oportunidad de haber llegado a un entendimiento en 2011, para lo que hubiesen contado con una mayoría absoluta más que holgada. Cierto es que, hasta que Cristina Coto respaldó la candidatura de Mercedes Fernández a presidir el Gobierno de Asturias, la gresca entre ambas formaciones fue encarnizada. Y tendrían mucho que explicar a sus votantes ambas formaciones. No siempre es suficiente con poner tierra de por medio, sobre todo, tras haber implicado a tanta gente en discursos y batallas que se quedaron en nada. ¿Hace falta recordar que en FAC, con su discurso teóricamente transversal, se implicó mucha gente que nunca se hubiese sumado a las filas peperas? ¿Hace falta recordar, de otra parte, que los dirigentes peperos que fueron los máximos detractores de Cascos cuando se produjo la ruptura entre el exministro de Aznar y el PP, se habían dedicado a ensalzarlo desde la crisis que tuvo lugar cuando se cargaron a Sergio Marqués? ¿Y en qué queda el llamado ‘pacto del duernu’, señor Cascos? Intragable.
No menos contradictorio es que, entre los partidos hasta ahora mayoritarios, se crucen acusaciones de corrupción, cuando las escandaleras propiciadas por los unos y por los otros, también en Asturias, son de campeonato. ¿Es necesario recordarle al PSOE no sólo el caso de Fernández Villa, sino también todos aquellos que se vinieron y se vienen dando en municipios donde gobernaron y gobiernan? ¿Hace falta refrescarle la memoria al PP acerca de los episodios que se redican en Oviedo? Ayunos están canovistas y sagastinos de autoridad moral para reproches en tal sentido.
Hasta uno de los partidos emergentes como es Ciudadanos incurre en contradicción si se tiene en cuenta que su lista por Asturias la encabeza el señor Prendes, que llegó a la política asturiana bajo las siglas de la formación magenta que presidió Rosa Díez. Don Ignacio empezó apoyando la investidura de Javier Fernández. Poco tardó en romper el idilio. Y, más tarde, se fue del partido en el que militaba. Muchas zozobras en tan corto viaje político.
Curiosamente, Podemos, que rehúye, según dicen sus principales dirigentes, las etiquetas más clásicas, como izquierda y derecha, puede presentarse sin llevar demasiadas contradicciones en sus alforjas, entre otras cosas, porque tampoco dispuso de tiempo para acumularlas. Pero, más allá de contradicciones y ambigüedades en el discurso de sus líderes estatales, poco hay que reprochar a este partido desde las elecciones autonómicas hasta el momento, pues sus apuestas por la regeneración de la vida pública van más allá de la retórica.
Las elecciones del 20 de diciembre estarán, pues, cargadas de contradicciones a la hora de argumentar razones para pedir el voto a la ciudadanía. Más cargadas que nunca.
Así pues, el quid de la cuestión está no ya en ganarse la confianza de votantes remisos, sino de refrendar el apoyo de aquella parte del electorado que pueda compartir ideología con el partido de turno. Porque, tengo para mí, que no se lo merecen.
Lo dicho: demasiadas contradicciones en la inmensa mayoría de las candidaturas, contradicciones nada hegelianas, ciertamente.