«Una vez admitido que el Tesoro tiene importancia, la vida humana deja de tenerla. La cosa es clara y meridiana». (Albert Camus).
Hay que reconocerlo claramente: el impuesto sobre las bolsas de plástico en los supermercados que pactaron don Javier Fernández y don Gaspar Llamazares, con vistas a los presupuestos autonómicos de 2016, será, andando el tiempo, una de las grandes glorias en la historia de la izquierda, tras la toma del Palacio de Invierno y la victoria de Castro y los suyos en la revolución cubana. Miren ustedes por dónde: Asturias se sumará una vez más a los grandes episodios de la izquierda política en la civilización occidental. Fastuoso, a decir verdad.
Así las cosas, nada tiene de extraño que nuestro izquierdista presidente llariego se mostrase cariacontecido primero y agrio después con Emilio León, pues el líder de Podemos en Asturias, lejos de mostrarse asombrado y lleno de emoción ante semejante pacto, no hizo más que poner reparos a los presupuestos que el Gobiernín pretende que sean aprobados por la Cámara autonómica. Estas gentes astures de Podemos no acaban de reconocer que estamos ante el mejor de los gobiernos posibles gracias al rojerío de la políticas de don Javier Fernández que con tanto entusiasmo apoya don Gaspar Llamazares.
Cuando Javier Fernández llegó a decirle a Emilio León que le tocaba optar entre el apoyo a los presupuestos de la izquierda o decantarse por adoptar la misma posición que PP y Foro, he de confesar que me quedé perplejo. Primero, porque se necesita tener valor para declararse de izquierdas con todo lo que viene arrastrando en su mochila la FSA. Segundo, porque de ello se deduce que, para el presidente astur, Podemos no tiene derecho a mantener y a sostener criterios y posiciones propias. Y, añadido a ello, don Javier se tomó la libertad de criticar los bandazos de Podemos desde que el partido de Pablo Iglesias irrumpió en la escena pública hasta el momento. Incoherencias que saltan a la vista y son innegables. Lo que me permito preguntarme es si alguien del PSOE tiene autoridad moral para criticar tales cosas, porque los bandazos que dio este partido fueron y siguen siendo antológicos. Y, por otro lado, lo que se discutía eran los presupuestos en Asturias, presupuestos que, según don Javier, hay que tomarlos o dejarlos, pero no cambiarlos. Eso es talante, que diría Zapatero, y todo lo demás serían monsergas.
¿Por qué se enfada tanto don Javier, ahora que ya no tiene a Cascos para sacarlo de quicio? ¿Tan duro es ser consciente de su debilidad parlamentaria? ¿Tan insoportable le resulta que haya un grupo parlamentario que se haya desmarcado desde el principio de la vieja política? ¿Tan escasa es su capacidad de aceptar las críticas y de asumir que la sociedad asturiana no le otorgó un respaldo que le permita hacer las políticas que desea?
¿Presupuestos de izquierdas por parte de quienes cierran chiringuitos sólo cuando los votos de la Cámara les obligan a ello? ¿Presupuestos de izquierdas con envoltorio ecologista cuando no hay más resoluciones medioambientales que el impuesto a las bolsas de plástico de los supermercados? ¡Anda ya!
Un agrio debate, sí. Nos esperan muchos así. Un agrio debate entre la vieja y la nueva política. Y conste que se trata de algo que va mucho más allá de lo que es mantener discrepancias en los presupuestos. Y conste que aún no conocemos bien qué proyecto presupuestario tiene Podemos. Pero lo que en verdad se dirimía es lo mal que lleva y sobrelleva don Javier que alguien intente desenmascarar izquierdismos que son mucho más apariencia que realidad.