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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

“Molinos de viento en Brooklyn”: Entre la picaresca y el quijotismo

Hoja de Lata vuelve a acertar con la publicación de ‘Molinos de viento en Brooklyn’

«¿Quién puede resistirse a empezar una novela de doscientas páginas que lleva por título ‘Molinos de viento en Brooklyn’?». Esto es lo que se preguntó Gregorio Morán en el primer artículo que leí acerca de del libro que nos ocupa. Tengan en cuenta que nuestro paisano no suele prodigar demasiados elogios en sus columnas y libros. Y, por lo demás, es cierto que estamos ante un título muy logrado.

El autor comparte con el muy plomizo  don José María, no sólo apellido, sino también origen cántabro, pero no tengo constancia de parentesco alguno entre don Prudencio y el narrador naturalista. Por cierto, según Jardiel Poncela, los chinos habían descubierto que obligar a leer libros de José María de Pereda constituía un método muy útil de tortura. Pero no se inquieten: “Molinos de viento en Brooklyn” no sólo no es una lectura tortuosa, sino que además se trata de una excelente novela con un trasfondo histórico conmovedor.

Desde la perspectiva cándida de un niño, asistimos al retrato que hace de sus abuelos. Quijotesco el primero. Áspera y desengañada la segunda. El narrador muestra de principio a fin una enorme pasión por el patriarca de su familia. Y a esta estructura, tan cervantina y española, que encarnan los abuelos, hay que añadir otro personaje que representa también algo omnipresente en nuestra literatura. Se trata de Agapito, todo un virtuoso a la hora de hacer pasar por puros habanos tabacos de mucha menor calidad. Agapito es la picaresca. A don Américo Castro le hubiera entusiasmado que en una misma novela confluyesen Cervantes y Mateo Alemán.

Pero Agapito, a los ojos del narrador, es un hombre entrañable con los suyos, que obtiene sus ingresos vendiendo sus habanos falsos a individuos sórdidos que no despiertan la más mínima simpatía al lector. A quienes se dedicaban a semejantes actividades se les conocía como teverianos. Agapito es uno de ellos. Se trata del oficio con el que se familiariza el narrador que, sin embargo, sabe que no va a ejercerlo nunca.

Siguiendo con el abuelo, resultan conmovedoras las confidencias que hace acerca de sus recuerdos como camarero en Tánger. Allí las circunstancias torcieron su futuro. Se agarra a los sueños, así como a la especial relación que mantiene con su nieto. De la abuela, no conoceremos hasta casi el final de la novela su mejor historia, que la redimirá.

Por otro lado, aunque se trata de una novela no muy extensa, se estructura en dos partes claramente diferenciadas. En la primera, el protagonismo se reparte entre el abuelo del narrador y Agapito, personaje con claroscuros y contrastes muy logrados literariamente, y hay episodios asombrosos, donde la maestría narrativa del autor se manifiesta claramente.

En la segunda parte, asistiremos, de un lado, a lo que sería la iniciación en el sexo del joven narrador, y, por otra parte, a la realización de los sueños del abuelo, de un perdedor que sabrá despedirse de la vida con un desquite memorable.

En cuanto a lo primero, nos encontramos ante un proceso que tardará en cristalizar, pero que, al mismo tiempo, se trata de una especie de “educación sentimental” que alcanza momentos cumbre narrativamente hablando. Y, en lo que se refiere a los lances de gloria de su abuelo, guardan mucha relación con una vieja celebridad de la farándula española, que, curiosamente, atiende al nombre de Manolín y que, como no podría ser de otro modo llamándose así, era asturiano, un asturiano, para nuestro gusto, españolizado en exceso. Sea como fuere, la novela le hace sitio a que un perdedor como el abuelo, quijotesco y admirable, pueda saborear la gloria. Todo un logro como justicia poética.

 

Una vez más, la editorial Hoja de Lata acierta en su elección. Y, para los curiosos acerca de la trayectoria literaria del autor, el epílogo de Jorge Ordaz no sólo está escrito con oficio, sino que además proporciona una información muy valiosa acerca de un escritor que sigue siendo un gran desconocido en nuestro país.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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