“Se fue Fernando Vela como todos los veranos a Llanes a disfrutar de “El orbayu” y a jugar al ajedrez con un contrincante que lo esperaba en el Café Pinín. El martes 6 de septiembre tomó café y empezó la partida que no iba a terminar. Como en la película de Bergman, Vela no sospechó que el contrincante de esa tarde era la Muerte. En un momento suspendió la partida para morir”. (De la necrológica sobre Vela que publicó Juan Antonio Cabezas en el diario “ABC” el 8 de septiembre de 1966).
Sin duda, mucho más que un Café. Sin duda, todo un referente de la hostelería llanisca. Sin duda, una cita obligada con el adiós a la vida de un personaje tan extraordinario como Fernando Vela, del que Ortega llegó a decir que era la cabeza más clara que había conocido.
Confieso que siempre que visité Llanes encontré tiempo para adentrarme en el Café Pinín, para mí, un lugar de culto a una de las figuras intelectuales más brillantes de Asturias. Hablo, por supuesto de Fernando Vela, quien dejó escrito que su trayectoria estaba entre las muertes de dos grandes hombres, Clarín y Ortega.
Lo cierto es que cada vez que acudí al Café Pinín fue una forma de homenajear a Vela. Lo cierto es que nunca dejé de pensar en su último trayecto camino del baño antes de concluir aquella partida de ajedrez. Lo cierto es que se despidió de este mundo rindiendo culto al juego y a la inteligencia. Lo cierto es que resulta tan deprimente como deplorable que desaparezca una referencia tan importante que atestiguó el último suspiro de un hombre clave en el ámbito cultural de lo que se sigue llamando la Edad de Plata.
Con el cierre del Café Pinín, sólo toca manifestar la aflicción que ello me causa. Lo que se clausura no es sólo un Café, es más, mucho más, que un establecimiento hostelero. Es también algo que forma parte de la historia de Llanes.
¿Cómo no evocar a Fernando Vela en sus veraneos en Llanes visitando el Café Pinín? A este respecto, Antonio Trevín me refirió una anécdota muy buena. Según se cuenta, un camarero, que llevaba muchos años trabajando en el establecimiento que se clausurará el sábado, comentaba que, a pesar de la fama de sesudo intelectual que tenía Vela, al empleado del Café no le costaba ningún esfuerzo entenderle, o sea, que pedía sus consumiciones sin grandes circunloquios y que saludaba sin emplear latinajos.
Vuelvo al sentimiento lúdico de la vida que Vela profesaba frente al desgarrador existencialismo que analizó a fondo en uno de sus ensayos, el que tiene por título “Ortega y los existencialismos”.
Vuelvo –insisto- a ese sentimiento lúdico de la vida, y no puedo dejar de tener presente que, en la necrológica de Cabezas sobre Vela, no salió publicada la frase que sigue: “Se murió sin haberle podido dar jaque al rey”.
Corría el año 66, y el guiño de Cabezas fue memorable.
*Luis Arias Argüelles-Meres recibió en 1988 el “Premio Fernando Vela” de periodismo y es el coordinador del libro “En torno a Fernando Vela”, editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo en 2013.