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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Carta abierta a Fátima Báñez

El escritor leonés, Antonio Gamoneda

«Entre todas las calamidades de la vida humana, la más portentosa es estar el engaño en la entrada del mundo y el desengaño a la salida». (Gracián).

Convencido estoy, señora ministra, de que usted desconoce la obra de Kierkegaard. Su fervor rociero no le viene de la desesperación resultante del desempleo inasumible que padece este país, siendo usted la titular de Empleo. Resumiendo, doña Fátima, a usted no le suena de nada el libro del filósofo danés que tiene por título ‘Tratado de la desesperación’. Así pues, su devoción mariana, según puede deducirse, es puro folclorismo.

Pero resulta que ese folclorismo suyo, que esa inutilidad a la hora de luchar contra el paro, por mucho que hagan cosméticas de última hora, va acompañado de medidas tan inaceptables como lesivas e indignantes, entre ellas, la que establece que cualquier persona que se dedique a la creación y cobre su correspondiente retiro laboral no podrá percibir más de 9.000 euros de ingresos anuales so pena de tener que renunciar a su pensión.

¡Bravo, doña Fátima! ¡Bravísimo, señora ministra todavía en funciones! Ustedes, que permitieron que muchas personas que arruinaron las Cajas de Ahorro con su nefasta gestión, cuando no con sus corruptelas, se blindasen para cobrar jubilaciones de lujo, se atreven a legislar contra la literatura y la creación en general. ¿Se cree usted que algo así puede resultar tolerable?

Imagínese usted, por un momento, señora ministra aún en funciones, que Gamoneda, Caballero Bonald o cualquier autor aún vivo pueda percibir una cantidad considerable por los derechos de una obra publicada hace años. En ese caso, debería renunciar a su pensión. Fastuoso. Imagínese usted por un momento, doña Fátima, que un autor o autora en edad de jubilación escriba una obra de éxito y tenga que renunciar a su pensión sin saber por cuánto tiempo se seguirán vendiendo ejemplares. Está cometiendo usted un tremendo atropello no sólo contra personas de talento que aún pueden escribir, pintar o componer música, sino también contra la inteligencia.

Lamento decírselo con tanta crudeza, señora Báñez, pero lo cierto es que se sigue demostrando que ustedes llevan en sus genes el rechazo hacia la inteligencia, el talento y la creación.

¿Acaso no es un sarcasmo, señora ministra, que en el país en el que la SGAE se convirtió en una suerte de sórdido y pestilente Patio de Monipodio se legisle ahora en contra de la creación artística y literaria? ¿Es de recibo que poetas como Gamoneda tengan que renunciar a su pensión, mientras que los principales dirigentes de la mencionada SGAE cometieron estafas escandalosas?

Sería todo un detalle, señora ministra aún en funciones, que retirasen antes de irse semejante disposición legal. Sería todo un detalle que nos regalasen como despedida una sola rectificación.

Fíjese usted, señora Báñez, las coincidencias las suele cargar el maligno. Resulta que la escandalera y la indignación ante el asunto que venimos abordando coincide en su estallido mediático con la afirmación que se hizo en el juicio del caso Nóos en el sentido de que eso de que ‘Hacienda somos todos’ no es más que un eslogan propagandístico.

En este país de nunca jamás, de privilegios rechazables e injustificados, ustedes dejan el Gobierno arremetiendo contra la inteligencia, el talento y la creación.

Ustedes, doña Fátima, que representan al más rancio reaccionarismo carpetovetónico, a la machadiana España de charanga y pandereta, ustedes, digo, son incorregibles.

Me permito, por último, doña Fátima, recordarle las palabras que siguen que escribió Unamuno en su destierro en Fuerteventura:

«¡Ésta es mi Atlántida! ¡Ésta es mi Ínsula Barataria! Aquí me vistan en larga estantigua, en procesión de almas doloridas, todos los que en los largos siglos sufrieron la pasión trágica de mi España; aquí vienen, aves consoladoras a la par que agoreras, las almas de todos aquellos que sufren persecución por su Justicia, por su espíritu de Justicia y verdad, las almas de todos aquellos que sucumbieron al poder infernal del Santo Oficio de la inquisición, y esas almas me orean con su aleteo la frente enardecida de mi alma, esas almas me orean la inteligencia».

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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