Doña Belén:
Usted no deja nunca de sorprenderme. Se lo digo porque, al escuchar su última o penúltima intervención en el Parlamentín, descubrí su debilidad por los adverbios de modo. En cada frase, se dejaba oír, al menos una vez, el sufijo “mente”. García Márquez se hubiese horrorizado, se lo aseguro. Pero, más allá de esta cuestión morfológica, me tomo la libertad de decirle, sin ánimo de cargar las tintas en contra suya, que sería un alivio que usted dimitiese. Y digo dimitir porque doy por hecho que don Javier Fernández, al haber decidido continuar contando con su concurso, no está por la labor de cesarla. Le resultaría muy fatigoso a nuestro Presidente tener que dar explicaciones al respecto.
Me pregunto, señora Consejera, cómo se las apaña usted para no dar respuestas convincentes y soluciones reales en asuntos del calado de la contaminación que se genera en El Musel. Me pregunto, por otro lado, si tras la sesión Parlamentaria en la que se habló de lo que está pasando en Sogepsa, es usted incapaz de hacer la más mínima autocrítica ante algo que está sangrando nuestro ya de por sí menguado erario público.
Me pregunto, asimismo, hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué habrá que seguir aguardando para que se acometa ya el saneamiento de los pueblos ribereños del bajo Narcea. Me pregunto por qué es usted tan severa a la hora de definir normativas medioambientales para la gente del campo, al tiempo que se muestra tan generosa con empresas mineras que vienen sufriendo sanciones de la Confederación Hidrográfica.
Desde luego, doña Belén las políticas medioambientales de Asturias dejan mucho que desear, pero se diría que usted está convencida de que gracias a su gestión vivimos en el mejor de los mundos imaginables.
Y le confieso que me siento incapaz de entender que usted no sea consciente no sólo de las continuas críticas que su gestión viene generando, sino que además se comporte como si formase parte de un Gobierno con mayoría absoluta.
Lo suyo, doña Belén, es palabrería, acompañada de gestos previsibles que están en el guion. Lo suyo es un ejemplo de libro de ineficacia y autosuficiencia.
Por mucho que siga afeando con sus rictus y mohines las críticas que le hagan en el Parlamento autonómico, por mucho que siga insistiendo usted en que el infierno son siempre los demás, la realidad es más terca aún, doña Belén.
Me permito, por último, sugerirle que se dé una vuelta sin prisa por el occidente de Asturias, que recorra el cauce del río Narcea, con todos sus valles y entorno natural. Y que, a partir de ahí, saque alguna conclusión.
Haga esa excursión, por favor, si es sin anteojeras, mucho mejor.