El dato que sigue es desolador: el partido que tiene ante sí más casos de corrupción es, al mismo tiempo, el más votado en España. Dato desolador que deja muy claro nuestro ínfimo listón de exigencia ciudadana. Y, por lo visto, a pesar de los continuos petardazos, las encuestas vaticinan que el PP de Rajoy seguirá siendo el partido con mayor apoyo electoral si, como todo parece indicar, a primeros de mayo se confirma que tendremos una nueva cita con las urnas.
¿Por qué no se va Rajoy? ¿Alguien en el PP recordará el fámoso ‘¡váyase, señor González!’ que, en su momento le espetó Aznar a un Felipe González desbordado por los escándalos de corrupción?
¿Por qué no se va Rajoy? ¿Es razón suficiente seguir siendo el partido más votado para que don Mariano no dimita, obstaculizando así la necesaria regeneración de su partido? No puede negarse que, en tal caso, las razones de su empecinamiento resultan deprimentes.
Lo que acaba de suceder con el ya ex ministro Soria marca –velis nolis– un antes y un después. Hablamos de un señor que, según parece, tiene dificultades con el idioma y que se dedicó durante unos días a intentar lo inexplicable. Al final, resulta que no recordaba uno de los datos que dejaba su imagen pública por los suelos. ¿No les suena esto a don Mariano Rubio diciendo en una comparecencia en el Congreso de los diputados que no era consciente de una de las operaciones financieras de las que se le acusaba? ¡Ay!
¿Por qué no se va Rajoy? ¿No es consciente de que está sirviendo como pretexto a una oposición que, por lo general, no se caracteriza por esgrimir discursos convincentes ni tampoco por generar confianza?
¿Por qué no se va Rajoy? Lo cierto es que ya tendría que haber dimitido cuando se produjo el escándalo de sus mensajes al señor Bárcenas. Lo cierto es que, en el más favorable de los supuestos para don Mariano, por el mero hecho de no haber paralizado tanto latrocinio en su partido político, tendría que haberse ido pidiendo disculpas a la ciudadanía. El máximo dirigente de una formación política no puede seguir en su puesto argumentando que desconoce las tropelías y corruptelas en sus filas, tropelías y corruptelas que, ciertamente, no son pocas.
¿Por qué no se va Rajoy? Se atornilló al sillón en el PP tras haber perdido dos elecciones consecutivas. Y se sigue enrocando a día de hoy dispuesto a repetir como cabeza de lista, cuando no a presidir el Gobierno, si lo apoyase el señor Sánchez.
Se diría que, para Rajoy, nunca pasa nada: ni en Madrid ni en Valencia, ni en su Gobierno. Todo es inacción, todo es abulia, todo es marasmo. Así nos va.
Cierto es que el azanarismo no puede sacar pecho en la medida en que muchos de los escándalos que siguen enfangando nuestra vida pública vienen muy de atrás y que no estaría mal como ejercicio didáctico recordar a aquel Aznar que, antes de ganar sus primeras elecciones, apostaba por la regeneración política frente al olor a podrido que fueron dejando aquellos escándalos de Roldán, Mariano Rubio, el BOE, el terrorismo de Estado y un largo etc.
¿Por qué no se va Rajoy? Ahí sigue regalándonos perlas cultivadas de alcaldes y vecinos y refugiándose en una indolencia desesperante y en una lasitud perniciosa e inaceptable.
Lo seguirán votando, y, con eso, todo está justificado en esta España del todo vale y del vale todo.