Si el debate entre Adrián Barbón y José María Pérez no hubiese sido en clave de primarias, habría que calificarlo de insulso y aburrido. Pero, como se trató de un “combate dialéctico” entre dos candidatos que aspiran a liderar el partido hasta ahora casi hegemónico en Asturias, es obligado analizarlo atendiendo al momento que vive actualmente el PSOE en Asturias.
De entrada, el señor Barbón representaría al “nuevo” PSOE, mientras que el señor Pérez estaría en la línea del sector más oficial y oficialista de la FSA. Pero las dudas surgen por doquier.
Porque, con el candidato de Laviana están personas como María Luisa Carcedo y Adriana Lastra que, a lo largo del tiempo, no se salieron lo más mínimo de la ortodoxia marcada por don Javier Fernández y compañía. A esto habría que añadir el apoyo del SOMA a la candidatura de Barbón, un sindicato todopoderoso en la FSA a lo largo de todas estas décadas.
Ciertamente, todo el mundo puede variar su posición política en un momento dado. Dicha tal obviedad, resulta al menos dudoso que las personas antes citadas puedan ser adalides de un partido que desea renovarse y modificar su discurso.
En cuanto a José María Pérez, es innegable que su decisión de presentarse a estas primarias anima el debate y obliga a Barbón a explicarse y a esforzarse por convencer a la militancia. Lo contrario, una sola candidatura, sería un mero trámite.
Dicho esto, la trayectoria del candidato Pérez está muy clara y, más que a plantear la hoja de ruta que le toca al partido a partir de ahora, lo que hizo fue poner pegas –algunas muy razonables- al discurso de su antagonista en el debate.
Ambos hablaron de principios ideológicos, de su compromiso contra la desigualdad, de la pérdida de derechos que se viene produciendo en los últimos años (soslayando que los recortes y las reformas laborales empezaron con Zapatero), de la necesidad de fijar población en Asturias y de luchar contra la despoblación sobre todo, en el mundo rural. Como declaración de principios vale. ¿Pero es suficiente?
De otra parte, no se habló de cambio generacional, algo que llega siempre sin permiso de los dirigentes políticos, ni tampoco se hizo autocrítica de la trayectoria de un partido que, insisto, vino siendo hasta el momento, hegemónico en Asturias.
Lo más clarificador del debate fue lo tocante a las relaciones que el PSOE puede y debe mantener con el resto de fuerzas políticas de izquierdas. En este sentido, Adrián Barbón se mostró mucho más predispuesto a ello.
Al final del debate, se saca en conclusión que, a las dudas que suscita el “nuevo” PSOE de Pedro Sánchez, hay que añadir que el cambio en el discurso y en el proyecto se presenta más costoso en una tierra como la nuestra en la que la presencia de determinadas personas, que a lo largo de los últimos apoyaron sin fisuras las políticas una de las federaciones más conservadoras del partido, no es insignificante.
La duda lampedusiana, de momento, está ahí.