Vicente Verdú, en el ensayo que tiene por título ‘El estilo del mundo’ (‘La vida en el capitalismo de ficción’), plantea que el capitalismo, desde la caída de la antigua Unión Soviética, aspira, sobre todo, a fabricar realidad, una realidad que sirva para el entretenimiento, que no está marcada en modo alguno por el rigor ni por la veracidad. Y lo cierto es que esta tesis podría extrapolarse, sin demasiado esfuerzo, al independentismo catalán. No sería en modo alguno inapropiado hablar de un independentismo de ficción, ficción en la que muchas personas han creído y siguen creyendo.
Se viene hablando del «relato independentista». ¿Relato? Si aceptamos el término, habría que añadir que tiene un componente muy fuerte de mito y de leyenda. Un territorio sofocado por un Estado asfixiante y que además se muestra intolerante con su lengua, con sus tradiciones, con su identidad. Como guinda, un Estado que es injusto a la hora de hacer balances económicos. Esto en el presente. Y, en cuanto al pasado, tienen referentes a la hora de hacer comparaciones, sobre todo la figura de Companys.
Todo parecía ir en serio, especialmente en el Gobierno de la Generalitat y en el Parlament. Todo desembocó en esa DUI tan rocambolesca que, al final, no la proclamó el Ejecutivo presidido por Puigdemont, sino el Parlament en una votación supuestamente secreta.
¿Y la realidad? Más allá de la aplicación del famoso artículo 155 de la Carta Magna, que suspendió al Gobierno de la Generalitat y que convocó elecciones, más allá de la fuga del señor Puigdemont a Bruselas, más allá de los encarcelamientos de Junqueras y otros consejeros, encarcelamientos que favorecen el llamado relato independentista, ¿qué se espera que acontezca a partir de las elecciones de diciembre?
Desde luego, el llamado relato independentista no llegó, ni mucho menos, a su fin. Desde luego, todo parece indicar que se trata de un relato sin desenlace, en el mejor de los casos, con un final abierto, que, antes de que concluya, se parece mucho más a un culebrón.
Desde luego, el nacionalismo catalán, históricamente hablando, tuvo sus héroes y su épica, pero aquello no era ficción, no era relato, sino tragedia. Y ya se sabe lo que puede pasar con la tragedia en el caso de que la historia se vuelva a repetir: más bien, una comedia bufa o un culebrón.
Puigdemont en Bruselas, probablemente candidato de su partido para presidir el Gobierno de la Generalitat. Exconsejeros en prisión, no sabemos durante cuánto tiempo. Clamores independentistas en las calles de Cataluña. Todo ello alentado por un independentismo de ficción que se viene fabricando desde hace décadas.
El ‘relato’ continuará. Servirá para que se hable menos de corrupción generalizada en toda la piel de toro. Servirá para fabricar héroes y villanos, que se intercambian sus papeles a ambos lados del Ebro. El ‘relato’ continuará, la comedia bufa también, usurpación de mitos, apropiación indebida de admirables personajes históricos. Para ellos, la historia y la realidad política no van en serio, pues forman parte de la ‘posverdad’.