Un aire frío que cortaba; un cielo luminoso que, sin embargo, no servía para crear un ambiente cálido. A la puerta de la Junta, protestas de los bomberos contra el partido gobernante. Intramuros, todo en orden, para escuchar el discurso de un presidente que, sobre todo en el tono de su perorata, parecía estar ya con un pie en el estribo.
Desde ese planteamiento, advirtió al resto de los grupos parlamentarios que se acababa el tiempo para alcanzar acuerdos. Tal mensaje iba sobre todo dirigido a los partidos de izquierdas. Tras haber pactado con el PP los presupuestos en el ejercicio anterior, invocó a Podemos y a IU a que esta vez el acuerdo fuese entre ellos. Ahora bien, no parecía muy dispuesto a ceder en lo que a su programa electoral se refiere. Se diría que les tocaba a los otros renunciar, si bien se mostró dispuesto a aceptar una de las propuestas de Podemos referida a la puesta en marcha de una Unidad Anticorrupción. Veremos.
Desde luego, las invocaciones a la consecución de acuerdos fueron continuas. También es cierto que, aun con autocomplacencias en la letra que no compaginaron mucho con el tono, no eludió enumerar los problemas más graves de Asturias, entre ellos, el declive demográfico. A este respecto, habló de las propuestas de su Gobierno, que, esperemos, tengan utilidad, porque lo cierto es que hasta ahora la despoblación sigue aumentando y cada vez son menos los alumnos que se matriculan en los centros docentes.
Sin necesidad de que lo reconozca, lo cierto es que, año tras año, perdemos población. Pues bien, si en el año y medio largo que le queda al frente del Gobierno lograse paralizar el referido declive, podría darse por satisfecho. Desde luego, fácil no lo tiene.
También se refirió a la necesidad de estructurar el área metropolitana, algo que está en la mente de todo el mundo, pero que ahí sigue como asignatura pendiente. Para ello, no solo habría que contar con el apoyo mayoritario del Parlamento autonómico, sino también con los ayuntamientos implicados. Y esto debería llevarse a cabo sin menoscabo de las alas. El equilibrio al respecto no está nada fácil.
Por otro lado, me parece muy optimista considerar que es historia el aislamiento de Asturias en lo que se refiere a las infraestructuras, del mismo modo que se echó de menos que fuese un poco más autocrítico en materia de políticas medioambientales, teniendo en cuenta no solo las alarmas por contaminación, sino también que, al mismo tiempo, se pretende promocionar Asturias como el Paraíso Natural del que tanto se viene hablando durante décadas.
Y, en fin, Javier Fernández, ya con un pie en el estribo, se quiere ir de la política pactando con la izquierda, con una izquierda que desconfía de su discurso. No tuvo a bien reconocer que pudo formar Gobierno gracias a IU, ni tampoco se tomó la molestia de admitir la incoherencia que supuso haber pactado con el PP los presupuestos.
Por último, una mera cuestión de cómputo. Al asturiano le dedicó unas pocas palabras, a la autocrítica, diría que ninguna, mientras que con la cuestión catalana se explayó a gusto.