Resulta curioso que alguien que lleva varias décadas en política, como es el caso de Mercedes Fernández, le corresponda llevar a cabo una profunda renovación en su partido. De hecho, antes de la dimisión de Gabino de Lorenzo, por decisión propia, según el interesado, los antiguos dirigentes del Partido Popular astur se fueron alejando de la primera línea política. Así, Ovidio Sánchez anda agazapado en la Cámara Alta, lo mismo que el señor Goñi, mientras que del avilesino Aréstegui apenas se tiene noticia en los últimos tiempos.
Y, si nos centramos en el caso de Oviedo, doña Mercedes Fernández anunció hace muy poco que habría novedades en las candidaturas de las principales ciudades astures. Además, en el caso concreto de nuestra ciudad, la imputación de Caunedo en los juzgados de Lugo hace difícil que sea el próximo candidato.
Se sabe, por otro lado, que las relaciones entre Mercedes Fernández y Gabino de Lorenzo no fueron muy cordiales en los últimos tiempos. Con todo ello, el panorama que se presenta en el PP ovetense está marcado por el fin del gabinismo. Es altamente probable que la persona que encabece la candidatura conservadora para la Alcaldía carbayona no represente en modo alguno la continuidad del gabinismo.
Así las cosas, al no haber conseguido la Alcaldía Agustín Iglesias Caunedo a resultas de la decisión de Ana Taboada de votar a Wenceslao López como primer edil, la continuidad del gabinismo se hacía difícil. Si a ello añadimos, aparte de lo ya apuntado, las tensas relaciones de ‘Cherines’ con el núcleo duro del gabinisnmo, se concluye claramente que el PP vetustense está en vísperas de entrar en una nueva etapa, relevo generacional incluido.
A partir de aquí, todo son incógnitas cuando nos encontramos a poco más de un año de las próximas elecciones municipales y autonómicas. Al grupo municipal del PP en Oviedo le queda echar pestes contra lo que llaman ‘el tripartito’ y, en tal tesitura, continuarán contando con el apoyo mediático que tuvieron desde el primer momento. Por lo demás, estarán a verlas venir.
Fin del gabinismo decretado y decidido no solo por la ruinosa herencia que dejó para la ciudadanía de Oviedo, sino también por el relevo generacional que, paradójicamente, lo llevará a cabo una persona que pertenece de lleno a la vieja política.