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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

¡LARGA VIDA AL MUSEO ETNOGRÁFICO DE GRANDAS DE SALIME!

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(EXTRACTO DEL DISCURSO PRONUNCIADO EN EL MUSEO ETNOGRÁFICO DE GRANDAS DE SALIME EL 22 DE JUNIO DE 2019)

Les aseguro que, en este caso, no es un tópico hablar de gratitud y de emoción. De la gratitud que siento por haber sido invitado a participar en esta conmemoración del 35º aniversario del Museo de Grandas de Salime. De la emoción que me suscita poder hablar de algo que admiro profundamente, es decir, de una obra llevada a cabo por Pepe el Ferreiro en esta geografía del abandono que es el occidente asturiano, de una obra que se fue forjando a lo largo de toda una vida, de una obra que fue incorporando pieza a pieza testigos y testimonios que no sólo dan cuenta de lo que fuimos, sino que además nos vinieron haciendo y rehaciendo tal como somos. Una obra que es este Museo del que estamos celebrando su 35 º aniversario.

Estoy aquí –estamos aquí- para rendir homenaje a una institución cultural que, como escribí en el prólogo al libro de Pepe el Ferreiro que tiene por título“Cuando los ferreiros forjan museos”, es acaso la Catedral de la etnografía asturiana.

Este museo es, entre otras cosas, fruto de aquel amor intelectual del que hablaba Spinoza. Pieza a pieza, todo lo que este museo atesora lo fue aportando Pepe como pruebas materiales de artes y oficios, de trabajos y días, de las herramientas con las que por estos lares se intentaba hacer lo más llevadera posible la existencia de quienes habitaban los pueblos del entorno.

Pero las piezas, ni individualmente, ni tampoco en su conjunto resultan útiles amontonadas las unas sobre las otras. Es imprescindible esa labor de sistematización que dé cuenta de su época, de lo que cada pieza supuso en su momento. Es imprescindible aquel afán del que hablaba Ortega y Gasset en el sentido de que se trataba de llevar “a la plenitud de su significado” aquello que estudiábamos, fuese un cuadro, un libro, un paisaje, un hecho histórico, un descubrimiento científico, una prueba material de otra época.

Pues bien, esa sistematización, ese afán de llevar aquello que se aborda a la plenitud de su significado, es algo que encontramos en este museo.

Recorrerlo, detenerse en muchas de sus estancias, supone, entre otras cosas, una magnífica lección de historia, de aquella historia de las mentalidades que fue una de las corrientes más importantes de la historiografía francesa, pero también de lo que Unamuno llamó la intrahistoria, es decir, no de aquello que cuenta las batallas y hace inventarios de los nombres propios de un tiempo y de un país, sino del modo de vida de las gentes, de los pueblos, de llegar, a través de estas pruebas materiales, al hondón de su vida cotidiana.

Tal como somos, tal como fuimos, tal como nos hemos forjado, aquí lo tenemos ante nosotros, gracias a la ingente labor de Pepe el Ferreiro, a su empeño, a sus afanes, a sus anhelos, a sus desvelos.

Pepe el Ferreiro no sólo es el artífice de este Museo, que es –insisto- la Catedral de la etnografía asturiana, sino que es también un personaje que atesora lo mejor de nosotros mismos como comunidad, en este caso, como asturianos del occidente.

Fíjense: Pepe es un paisano. “Paisano” viene de país. Uno de nosotros, uno de aquí. Y, al mismo tiempo, alguien que destaca precisamente por eso: por ser un paisano, por representar lo mejor de nosotros mismos, al legendario hombre de nuestros pueblos que concedía una enorme importancia a la palabra dada. Al ciudadano que infundía respeto sólo con su presencia, y lo infundía por su integridad moral. Al ciudadano que, sin tener en muchos casos, un amplio bagaje de conocimientos, valoraba el saber, mostrando su respeto y admiración hacia las personas que ponían sus conocimientos al servicio de los demás, transmitiéndolos de múltiples maneras. Al ciudadano que nunca estaba dispuesto a poner su dignidad en venta, que no confundía el respeto con la sumisión.

“Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes”, dejó escrito Nietzsche. Pues bien, no lo duden ni por un instante: las fechorías de las que fue víctima Pepe, cuando en 2010 lo destituyeron al frente del Museo que él mismo había creado, al que había entregado su vida, fueron la consecuencia directa de que no sólo no se le perdonó nunca su brillantez, sino que además le hicieron pagar por no ser mediocre ni sumiso, por no sumarse a coro alguno de aduladores.

En aquella Asturias del caso Renedo y del caso Niemeyer, se acusó a Pepe de tener poco rigor con la gestión burocrática del Museo, lo hizo la misma consejera, doña Mercedes Álvarez, que, según su propio testimonio, no estaba al tanto de lo que acontecía en el Niemeyer en lo referente a su gestión económica.

Lo que hicieron con Pepe el Ferreiro merece formar parte de la borgiana historia universal de la infamia.

Ahora, 9 años después de aquello, cuando el Museo cumple 35 años, una de las últimas actuaciones del Gobierno de Javier Fernández es llevarse por delante el consorcio que lo gestiona, haciendo depender todo su funcionamiento desde un despacho del centro de Asturias.

Una infamia más, un ataque más de la burocracia al trabajo, al rigor, a la brillantez y al talento.

No nos queda ninguna duda. No queremos ni podemos estar del lado de la burocracia, del lado de quienes castigan a un personaje y a una obra que representan lo mejor de nosotros mismos.

¡Larga vida al Museo de Grandas! ¡Haxa salú, Pepe!

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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