Alguien dijo que no creía en la política de gestos, pero que estaba convencido de que hay gestos que marcan toda una voluntad política. Pues bien, comparto sin fisuras semejante aserto. En este sentido, me parece positivo y esperanzador que la primera visita oficial de Adrián Barbón como presidente de Asturias haya sido a Yernes y Tameza. Ya va siendo hora de que el llamado medio rural sea algo más que un marco que decore fotos bucólicas a gentes de la Asturias oficial. Ya va siendo hora de tener presente, con los hechos y con las políticas, aquello que dejó escrito Ortega y Gasset en su primer viaje a nuestra tierra, cuando afirmó: «Observo en cada asturiano un fondo rural que perdura».
Y, en este sentido, las llamadas alas de Asturias necesitan un empuje político que evite una decadencia y un abandono que a estas alturas, más allá de lo inquietante, las alarmas llevan tiempo sonando. Dentro de las alas de Asturias, quiero referirme a las comarcas occidentales y más concretamente a la herencia que dejó el anterior Gobierno autonómico en Grandas de Salime.
Por un lado, una de las últimas decisiones que se tomaron desde la Consejería de Educación y Culturadel Ejecutivo anterior fue acabar con el actual consorcio que gestiona el Museo etnográfico de Grandas de Salime, integrándolo en Recrea. A este respecto, sólo diré dos cosas. Primero, los datos demuestran que la gestión del actual Consorcio es excelente no sólo en lo que se refiere al buen funcionamiento de la institución, sino también al considerable número de visitas que recibe. Ahí está además la trayectoria de las personas que están al frente del día a día en el Museo. Y, en segundo lugar, no parece que haya argumentos convincentes que nos persuadan de que, desde el centro de Asturias, pueda funcionar mejor una institución cultural que es en gran medida la Catedral de nuestra etnografía. ¿Acaso hay dictámenes de personas duchas en la materia que aconsejen semejante determinación, de entrada, inexplicable a todas luces?
Y, por otra parte, sin salir del entorno de Grandas de Salime, ahí está lo que viene sucediendo últimamente con un plan para el chao San Martín, un «plan» que, sin necesidad entrar en detalles, provocó el rechazo de la Asociación de Restauradores y Conservadores de España, que, de hecho, emprendieron iniciativas al respecto para que no se lleve a cabo. Un «plan» que, al mismo tiempo, cuenta con el rechazo de prestigiosos arqueólogos que conocen bien la importancia de semejante emplazamiento.
Todo parece indicar que en ambos asuntos está omnipresente el actual alcalde de Grandas de Salime que lleva muchos años adoptando decisiones arbitrarias y atrabiliarias, entre otras, la de prohibir el acceso a determinados arqueólogos al chao.
Lo cierto es que tiene uno la impresión de que don Eustaquio Revilla, que lleva muchos años ejerciendo como regidor del concejo, representa esa vieja política a la que se refirió el nuevo presidente de Asturias como algo que puede asfixiar la gestión política de nuestra tierra.
Pero, de momento, me conformaría con que el presidente y la nueva consejera de Cultura se informasen a fondo sobre estos asuntos y que no incurrieran en el error de aceptar la herencia recibida del Gobierno saliente en lo que concierne a la gestión del Museo Etnográfico de Grandas de Salime y también al chao San Martín.