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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Eran y son de los nuestros

«Cuando la destrucción, es decir, la muerte, pasa sobre la muerte, redobla su trágico interés… Una tumba vacía me dice mucho más que una vacía cuna» (Unamuno).

Cómo no sentir estremecimiento en el momento mismo de conocer el escalofriante dato de que hubo 4.427 republicanos españoles muertos en los campos de concentración nazis de Mauthausen y Gusen, de los cuales 101 eran asturianos? ¿Tienen alguna respuesta ante esto quienes insisten de continuo que rememorar el horror es resentimiento y venganza? ¿Cómo no recordar a aquel mandatario franquista que ordenó borrar del registro civil el nombre de Santiago Casares Quiroga queriendo, inútilmente, negar no ya lo derechos, sino también la propia existencia del político republicano? ¿Cómo no tener presente el episodio en el que Serrano Suñer, a propósito de los republicanos españoles que estaban en la Francia ocupada, puso de manifiesto que aquellas personas no eran reconocidas por la España oficial?

4.427 españoles muertos en campos de concentración nazis. Españoles que habían defendido la República en su país y que, tras la derrota, huyeron a Europa, donde les esperaba el horror nazi. ¿Acaso no se merecen todas estas personas el mínimo respeto, no tan sólo por los ideales que defendieron, sino también por los horribles sufrimientos que les tocó padecer?

Bien está que se conozcan sus nombres. Bien está que sus descendientes vean que, al menos, figuran

en un listado oficial. Bien está que la sociedad española sea conocedora de su propia historia, que, a veces, como la morcilla, se hace con sangre y se repite, tal y como expresó Ángel González en un poema memorable.

Por otra parte, es muy significativo que estos datos se conozcan muy poco tiempo después de que se destapase la existencia de campos de concentración en España, campos de concentración que apenas aparecen los libros de historia, que quisieron ser silenciados por los ganadores de la guerra civil. De uno de ellos se hizo eco el escritor Max Aub en su novela ‘Campos de Almendros’.

Por favor, no pidan olvido. Por favor, no imploren silencio. Por favor, no maten dos veces a esas mismas personas, negándoles incluso el hecho mismo de haber existido.

Por favor, no hablen de rencores ni de resentimientos. Se trata de muy distinta cosa, se trata de honrar a los nuestros, se trata de reconocer el sufrimiento de quienes fueron compatriotas nuestros y que representan lo mejor de nosotros mismos por su lucha por la dignidad humana y por las libertades.

«La tradición es la transmisión del fuego y no la adoración de las cenizas», dijo Mahler. Toca recoger su antorcha, toca plantar cara a una amnesia vergonzante y culpable.

Sus nombres y apellidos, sus trágicos destinos. Eran y son de los nuestros. Eran y son lo mejor que hemos tenido. Contemplaron los mismos paisajes que ahora vemos. Ansiaron un mundo mejor. No podemos ni debemos prescindir de ellos.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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