No me voy a referir a la insurrección de octubre del 34 ahora que han pasado 85 años, sino a la actualidad más candente, a un octubre que se presenta en toda España como un mes que será conflictivo, a la espera de esa sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo sobre los políticos catalanes encausados que se publicará, según las previsiones, este mismo mes. Y, por estos lares, además de estar pendientes de lo que va a suceder en el conjunto de España, ahí tenemos el grave problema de la amenaza de cierre de Vesuvius, así como del panorama inquietante que tiene ante sí Arcelor, cuyas primeras medidas nos emplazan en un escenario de crisis.
Por si esto fuera poco, la pasada semana tuvimos además episodios muy desagradables relacionados con la llingua asturiana, empezando por esas vallas en las que, montaje fotográfico de por medio, se comparaba a Barbón con Otegi y con Puigdemont por el mero hecho de que el actual presidente de Asturias es partidario de la oficialidá del asturiano. Imagine el lector por un momento que se hubiese hecho tal cosa en Galicia, poniendo a Feijóo en una misma foto con los personajes referidos. La brocha gorda fue, sin duda, excesiva. Y, como guinda del pastel, ahí estuvo el episodio en el Parlamento asturiano que impidió que la actual consejera de Cultura pudiera hablar en asturiano. Quienes arguyen estar en contra de lo que ellos definen como «imposición» del asturiano deberían ser conscientes de que incurrieron de lleno en la prohibición, y lo hicieron además de una forma burda. Mal asunto, muy mal asunto.
Para mayor baldón, ahí está el ingreso en prisión de los condenados por el llamado ‘caso Renedo’, condena ratificada por el Tribunal Supremo. Hablamos de un asunto que salpica de lleno al PSOE de aquellos años. Hablamos no sólo de episodios muy turbios de corrupción, sino también de una Administración que no pudo impedir que los tales episodios llegaran a producirse. Hablamos, en fin, de lo que dejó consignado muy a fondo el periodista de El COMERCIO Ramón Muñiz en su libro ‘Corrupción en el Paraíso Natural’.
Dos consejerías implicadas y salpicadas, la de Cultura y la de Educación. Un proceso que seguí desde la Sala mientras se celebró el juicio. Algo que nos llenó de vergüenza y oprobio y que puso de manifiesto, además de falta de escrúpulos, falta de controles.
Octubre asturiano de 2019. Tenemos ante nosotros el recordatorio de un caso de corrupción sonrojante y desolador, así como continuas amenazas a nuestra industria. Por el medio, la crispación que también nos habita en nuestra vida pública. Y, a la vez, nos espera una campaña electoral indeseada por una ciudadanía más desencantada que nunca con la política, campaña electoral que –velis nolis- va a verse afectada por el conflicto catalán, que entra en una fase muy alejada de soluciones y salidas. Y, por fin, si las previsiones se cumplen, está previsto que a últimos de mes se conozca la sentencia de los ERES andaluces.
Crisis industrial, crispación marcada por prohibiciones en materia cultural, elecciones indeseadas en medio del hartazgo ciudadano, corrupción de nuestro más acá y del resto del país.
Ciertamente, malos tiempos para la épica y para la lírica. Delicado momento que habrá que ver cómo se enfrenta, cómo se afronta y cómo se asume.
Un octubre asturiano –el de 2019– que, oficialmente, nada tendrá de mítico, ni de épico, aunque esto último podrá marcarlo la lucha obrera y social para que no se nos desmantele industrialmente, lucha obrera y social, a pesar de los políticos, a pesar de todas las élites que todavía no entendieron que cuentan con privilegios que ya es hora de que se terminen.
Por favor, no crispen. Por favor, muestren altura de miras. Por favor, asuman la realidad.