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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

¿LA HORA DE LA POLÍTICA?

El magistrado Manuel Marchena (c) preside el tribunal de siete jueces, formado por Andrés Palomo (i), Luciano Varela (2i), Andrés Martínez Arrieta (3i), Juan Ramón Berdugo (3d) Antonio del Moral (2d) y Ana Ferrer (d)./EFE

 

Hace falta, como mínimo, una inconsciencia mayúscula para que, en un momento como éste, estemos con un Gobierno en funciones. Como era de esperar, tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo sobre el llamado ‘procés’, la agitación en Cataluña es enorme y preocupante. Y esto no ha hecho más que empezar.

Lo que me pregunto es si los máximos responsables políticos a ambos lados del Ebro son conscientes de que lo que está sucediendo no es solo un grave problema de orden público. Lo que me pregunto es si, por parte de unos y otros, hay alguna posibilidad de que se encare la situación con un mínimo de altura de miras.

De entrada, lo que tenemos es no solo puro empecinamiento en las posturas, sino que, para mayor baldón, hay quienes aprovechan la situación para crispar más, para agitar cuanto pueden en busca no se sabe bien qué quimera.

En el mejor de los mundos posibles, lo urgente y lo imprescindible sería que, por un lado, los principales partidos políticos de Cataluña, tanto los que abogan por la independencia como los que no, se reuniesen en busca de un diálogo que recondujese la situación. No se trata solo de un conflicto entre Cataluña y España, sino también –y puede que fundamentalmente– de un problema interno de Cataluña, cuya fractura social se viene incrementando día a día.

Y, por otra parte, las formaciones políticas estatales también estarían obligadas a intentar la búsqueda de una postura común en la que se buscase un mínimo entendimiento que, al menos, calmase la situación.

Lo que sucede es que ambas cosas parecen inalcanzables. Lo que sucede es que no se vislumbran voluntades que vayan más allá del cortoplacismo y de los intereses partidistas, máxime en un momento como el actual a menos de un mes de unas elecciones generales.

Sé que no sirve de nada preguntarse cómo es posible que hayamos llegado a esta situación; sé que no sirve de nada lamentarse de estar sumidos desde hace años en un deterioro tan grande de la convivencia dentro de Cataluña y también entre Cataluña y España. Sé que no sirve de nada manifestar nuestra impotencia ante la mediocridad creciente de la mal llamada clase política a ambos lados del Ebro.

Pero, a pesar de todo, para resolver esta situación, o, en todo caso, para que esto evolucione mínimamente hacia un horizonte menos conflictivo, hace falta, más que nunca, la política, entendida ésta como diálogo, como voluntad de pacto, como asunción de las responsabilidades que tiene cada cual.

La sentencia del Tribunal Supremo no es, en contra de lo que alguien dijo, una venganza, sino la aplicación de las leyes vigentes. Distinta cosa es que no se puede perder de vista que el problema no está en la deriva que tomaron los dirigentes independentistas desde que el señor Mas optó por esa vía, enmascarando otras muchas cosas. El problema es que hay un porcentaje muy alto de la sociedad catalana que está claramente por la independencia. Y, ante ello, solo cabe la pedagogía política, no las leyes. El problema es también que hay quienes piensan, entre los dirigentes estatales, que, cuanto más radical sea su postura en contra del nacionalismo catalán, más apoyo electoral recaban en el resto de España.

Lo más dramático del caso es que hay que hacer política, a pesar de los políticos que tenemos. Lo más dramático del caso es que parece que casi nadie quiere preguntarse cómo es posible que el independentismo haya crecido exponencialmente en Cataluña en los últimos años. Lo más dramático del caso es que nadie parece querer esforzarse por enarbolar un discurso convincente acerca del encaje de Cataluña en España de un modo aceptable para ambas partes.

Lo dicho: es la hora de la política, es la hora de abrir los ojos por parte de los unos y de los otros. Es la hora de España. Es la hora de Cataluña. Es la hora de la España democrática. Es la hora de la Cataluña democrática. ¿Pero quién dará esa hora? ¿Desde qué reloj? ¿Desde qué relojes?

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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