Ahora resulta que la presidenta madrileña matiza sus declaraciones. No, ella no quiso llamar «paletos» a los leoneses que se manifestaron recientemente para hacer ver y oír sus protestas ante la asfixia que sufre ese territorio. Lo que doña Isabel pretendía era criticar a los dirigentes políticos que han venido creando, según ella, falsas identidades. Lo que no acierto a ver es qué relación puede existir entre el descontento escenificado en León y esas falsas identidades.
Lo cierto es que, más allá de unas declaraciones que, matizadas o no, fueron totalmente inoportunas, la desigualdad en España tras la crisis no hizo más que aumentar, también territorialmente.
Ahí está esa España que forma parte de la geografía de un país en la que los datos demográficos son inequívocos en cuanto a un declive que también estamos sufriendo en Asturias.
Y, para combatir ese despoblamiento, no ayudan nada unas políticas fiscales que sólo se pueden permitir las autonomías más ricas. ¿A la presidente madrileña no le suena la llamada solidaridad interterritorial? Parece que no.
Me pregunto si doña Isabel dedicó unos minutos de su precioso tiempo a informarse sobre las causas que motivan ese descontento del que venimos hablando, que no se está produciendo solo en León, pero también.
Ahí está la historia de cómo se fraguó el mapa autonómico en lo que respecta a León y lo decisiva que fue en este sentido la voluntad de Martín Villa.
¿Sería la ciudadanía leonesa paleta con otro encaje autonómico?
Y, hablando de paletos, ¿acaso hay algo más chabacano y populachero que el Madrid castizo, que la majeza madrileña? Hágase esta pregunta, doña Isabel.