Tiempo llevaba muy lejos de su mejor momento. Sin embargo, sólo con su presencia, atestiguaba el enorme significado de su persona y de su trayectoria a favor de la etnografía y de la cultura. Es posible que, desde la canallada de la que fue objeto en 2010, su presencia de ánimo no se recuperase nunca. Aun así, siempre contó con lo más importante: el legado de una obra de gran importancia y el orgullo que tiene que suponer haber estado toda una vida al servicio de unos ideales que trascienden lo personal. Y es que no se puede poner en duda que la cultura asturiana estará siempre en deuda con Pepe el Ferreiro.
Escribo estas líneas 24 horas después de haber tenido noticia de su fallecimiento y estoy completamente convencido de que, conforme vaya transcurriendo el tiempo, esta tierra será más consciente del verdadero valor de la obra de Pepe el Ferreiro.
Y es que no sólo estamos hablando de alguien que logró rescatar del olvido y de la destrucción un montón de objetos que atestiguan nuestro pasado, sino que además consiguió que todos esos objetos narrasen lo que vino siendo nuestro pasado, desde el más lejano hasta el más reciente: ése es el gran mérito del Museo Etnográfico de Grandas de Salime .
Por otra parte, estamos hablando de un ciudadano que dedicó la práctica totalidad de sus trabajos y sus días a cultivar las grandes cualidades humanas que más se valoran –y también se persiguen– en nuestra tierra: el compromiso de la palabra dada, la generosidad, la entrega a un ideal. Pepe fue, en toda la extensión de la palabra, todo un paisano al que le repateaban la falsedad y el chauvinismo.
¡Hasta siempre, amigo! Un abrazo infinito.