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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

ALTA Y BAJA POLÍTICA

La madre de todas las encuestas en verano: las vacaciones le sientan bien al PSOE

 

Hemos pasado de la vieja política a la baja política, a lo más rastrero, a lo más mezquino, a lo más mediocre, a poner todo el énfasis en machacar al adversario incluso en asuntos de interés general

¿Cuándo se nos jodió el 15-M? Eso tendría que estar preguntándose Pablo Iglesias
¿Cuándo dejó de ser C’s un partido claramente diferenciado del PP?

 

 

Cuando irrumpieron Podemos y Ciudadanos en la vida pública, comenzó a hablarse de ‘nueva y vieja política’, si bien apenas se incidía en citar la fuente, que proviene de una conferencia en el madrileño Teatro de la Comedia que pronunció el filósofo Ortega y Gasset en septiembre de 1914. Y, por otro lado, en la alocución del autor de las ‘Meditaciones del Quijote’, hay, de principio a fin, un demoledor ataque a la Primera Restauración borbónica, con su bipartidismo, con su caciquismo. Sin embargo, incomprensiblemente, apenas se explotó este discurso del Ortega más inconformista.

En todo caso, las dos nuevas formaciones apostaban por la nueva política, al tiempo que auguraban que el viejo bipartidismo estaba condenado a ir perdiendo protagonismo y representatividad en todos los ámbitos. Basta recordar los paupérrimos resultados que cosecharon el PP de Rajoy y el PSOE de Rubalcaba en las elecciones europeas en las que el partido de Pablo Iglesias obtuvo un notable éxito.

¿Cuándo se nos jodió el 15-M? Eso tendría que estar preguntándose Pablo Iglesias. ¿Cuándo dejó de ser Ciudadanos un partido claramente diferenciado del PP, sin que eso significase adoptar un discurso ajeno al conservadurismo económico? ¿Qué fue lo que pasó para que aquella tendencia descendente del PSOE y del PP se paralizase hasta el extremo de que no dejaron de ser los partidos políticos más votados?

Es desolador pensar que la nueva política vino con un irrenunciable afán de regenerar la vida pública y no solo no se consiguió semejante objetivo. Ahí están, además de los casos de corrupción, las enormes listas de aforados, los privilegios de la mal llamada clase política que, en efecto, se sigue comportando como una ‘casta’ que está muy por encima del común de la ciudadanía. Y ahí están también las purgas internas en ambos partidos.

Para mayor baldón, a poco que observemos el día a día de la vida pública española, yo diría que hemos pasado de la vieja política a la baja política, a lo más rastrero, a lo más mezquino, a lo más mediocre, a poner todo el énfasis en machacar al adversario, incluso en asuntos que, siendo de interés general, se están utilizando para intereses bastardos. Se está jugando cada vez más sucio en política.

Baja política sería servirse de los recursos legales que tiene un Gobierno no pensando en el interés general, sino en mantenerse en el poder al precio que sea. Baja política es, por parte de los partidos conservadores, afirmar sin ningún pudor que es ilegítimo un Gobierno que se formó a resultas de una mayoría parlamentaria.

Prosigo: no estoy en contra del indulto a los políticos catalanes presos, puede que resulte necesario para reconducir mínimamente la situación en ese territorio, aparte de que las leyes ya los han castigado. Distinta cosa sería que semejante decisión estuviese exclusivamente guiada por el apoyo a los presupuestos del Gobierno. Prosigo: a estas alturas, a todas aquellas personas que tienen la generosidad de leerme les consta mi republicanismo, al que no renunciaré jamás. Dicho esto, el republicanismo exige una elegancia que empieza por el respeto a la ley, un respeto que no está reñido con apostar por la convocatoria de unas Cortes Constituyentes, que puedan plantear un cambio en la forma de Gobierno y un referéndum en el que la ciudadanía pueda decantarse por la monarquía o por la república.

Prosigo: baja política es que el líder del PP guarde un silencio sepulcral sobre el caos que sufre Madrid a consecuencia de la pandemia y que la presidenta de esa Comunidad no asuma en verdad la situación.

Baja política es que la destrucción del rival político esté por encima de la salud pública.

Baja y alta política. Esta última, bien que lo lamento, está por llegar.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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