En su momento, se pudo llegar a pensar que Gabino llevaba camino de convertirse en Alcalde perpetuo de Oviedo. Sin embargo, tras perder la mayoría absoluta en las elecciones de 2011, aunque había dicho que le motivaba una situación en la que era obligado pactar, dejó de ser regidor vetustense y fue nombrado Delegado del Gobierno. No hace mucho tiempo, declaró en la prensa que la veteranía en política no sólo tenía sus ventajas, sino que además personajes de una edad similar a la suya como la señora Clinton aspiraban a todo en la vida pública. Y, bueno, en la carta en la que presentó su dimisión planteó que acaba de cumplir 75 años, y que era un buen momento para dejar la política. Pudo sorprender más o menos la dimisión de Gabino de Lorenzo, pero lo que no puede resultar extraño es que este personaje se contradiga entre declaración y declaración.
En el adiós de Gabino de Lorenzo, una de las primeras cosas que se tienen en cuenta es que el ex Alcalde de Oviedo llevaba mucho tiempo protagonizando titulares a resultas de la herencia que dejó en el Consistorio vetustense. Iría en el guion que su presencia en los medios se debiese a su cargo en la plaza de España, pero no lo anterior.
Cuando transcurra el tiempo, Gabino será recordado por muchas cosas, entre ellas, porque su estética de abigarramiento en el mobiliario urbano, sus magnolios y sus adoquines en las calles llegaron a marcar tendencia en casi toda Asturias. No creo que se le recuerde como el abanderado de una estética afortunada, pero sí como alguien que marcó tendencia.
Cuando transcurra el tiempo, las gentes se preguntarán cómo pudo ser posible que un Alcalde que apenas acudía a los Plenos, que no le hacía ascos a los despilfarros, que no era muy cuidadoso en sus intervenciones con la elegancia, obtuviese tantas y tantas mayorías absolutas desde 1995 hasta 2007, pues, tanto en 1991 como en 2011, fue Alcalde en minoría.
Cuando transcurra el tiempo, se buscarán explicaciones para entender las lealtades inquebrantables con las que contó, entre ellas, desde ámbitos filosóficos y también desde celebridades vetustenses.
Y, por otra parte, nunca podrá entenderse la historia última de la FSA y, sobre todo de la AMSO, sin Gabino. ¿Cómo no recordar las continuas zancadillas que sufrió Leopoldo Tolivar el tiempo que estuvo al frente del Grupo municipal socialista por parte de su propio partido? ¿Cómo no recordar que, en 2015, la consigna de la FSA era permitir que el gabinismo siguiese gobernando el Ayuntamiento de Oviedo y, de no haber mediado la generosidad de Ana Taboada, así hubiese sucedido? ¿Cómo no recordar que fue el partido de Cascos quien desbancó a Gabino de la Alcaldía y no el PSOE? ¿Cómo no recordar lo mucho que se habló en su momento del llamado ‘pacto del duernu’?
¿Cómo no recordar, en fin, sus serios intentos por hacer desaparecer al Real Oviedo con aquel engendro que creó llamado Oviedo ACF?
Y, en fin, desde la plaza de España tuvo noticia día a día de lo que fue su herencia en el Ayuntamiento vetustense. Seguro que ése no fue el final más deseado para el personaje que aquí nos trae.