La novela Jugadores de Billar, de José Avello, que publicó Alfaguara en 2001, regresa a la actualidad literaria por la reedición que acaba de hacer Ediciones Trea.
Gregorio Morán publicó el 27 de junio de 2015 un artículo en el diario “La Vanguardia” en el que dio una definición lacónica y efectista sobre Jugadores de Billar: “Su novela empieza donde termina el Leopoldo Alas Clarín, y La Regenta. Con ese beso al sapo, que aún hoy llena de estupor a cualquier lector sensible”. Como fácilmente podrá colegirse, Jugadores de Billar no continúa la trama regentiana, tal y como intentó, de manera muy desafortunada, Ramón Tamames.
Recientemente, se viene manifestando que Jugadores de Billar es quizás la mejor novela después de La Regenta que tiene a Oviedo como escenario. Resulta complejo hacer este tipo de valoraciones, pero, sin duda, la novela de Avello se encuentra entre las mejores novelas cuyo espacio narrativo es nuestra heroica ciudad, al igual que los títulos ayalinos Tigre Juan y Belarmino y Apolonio, al igual también que la novela Para parar las aguas del Olvido, de Juan Ignacio Taibo, sin tampoco restarle méritos literarios, que atesora muchos, a Nosotros, los Rivero, de Dolores Medio.
Cuatro amigos que se conocen desde la infancia y que se reúnen en un bar de la calle Mon donde juegan partidas de billar. Es un local lúgubre y decadente, en consonancia con la atmósfera de la novela. Estos cuatro personajes son Manolo Arbeyo, Álvaro Atienza, Floro Santerbás y Rodrigo de Almar. Les une la rutina, comparten la misma ciudad, la misma generación, y las relaciones heredadas familiarmente.
En lo tocante a los escenarios ovetenses, aparte del tugurio donde se juntan para sus partidas de billar, tienen un enorme protagonismo las calles más céntricas de Oviedo. También habría que destacar una vieja fábrica de loza, nada difícil de ubicar, en las afueras de la ciudad. Asimismo, asistimos a una lección magistral que da Gustavo Bueno sobre los presocráticos.
Algunos episodios de la trama nos llevan a determinados atropellos y crímenes que tuvieron lugar en la guerra civil. Y se pone al descubierto de qué modo se hicieron los vencedores con el patrimonio de los vencidos.
Hay un capítulo cumbre en Jugadores de Billar. Es la noche en la que Verónica Galindo, enfermiza obsesión de Álvaro Atienza, se despide. Es la noche en la que en la lluviosa ciudad nevaba.
Por otra parte, la ambición narrativa, tanto en la prosa utilizada, como en la búsqueda de un estilo propio, es asombrosa. Tampoco están ausentes la ironía y el sarcasmo.
Al final, Verónica Galindo es el personaje que da lustre estético y poético a la novela, mientras que el padre de Álvaro rescata con sus recuerdos la parte más oscura y tenebrosa de los vencedores de la guerra civil.