Ciudadanos estaba llamado a ser un partido centrista, más o menos equidistante, entre el PP y el PSOE. Además, nació, teóricamente, con una innegable vocación regeneracionista que, entre otras cosas, pretendía poner fin al bipartidismo. Y, por si todo ello fuera poco, su proyecto de país parecía perseguir el objetivo de que el ciudadano fuese antes que el territorio, garantizando, de verdad, la igualdad del conjunto de la sociedad española en servicios públicos, en materia impositiva y en equiparación salarial entre todo el funcionariado. Hasta tal extremo fue «nueva política» que terminó por fagocitar, electoralmente, al partido que dirigió, parece que con mano de hierro y con excesivo personalismo, doña Rosa Díaz.
En cuanto a la supuesta vocación centrista de este partido, se da la circunstancia de que actualmente Ciudadanos, que está más cercano que nunca al PP, precisamente en el momento en el que la formación que dirige el señor Casado, tras la resurrección de Aznar en la que fuera su casa, se situó aún más a la derecha que en la etapa de Rajoy. Y a esto hay que añadir que Cs no hace ascos a formar parte de gobiernos autonómicos y municipales que nunca se hubieran conformado sin el apoyo explícito de Vox.
Tras la ruptura con Valls, llega la dimisión de Toni Roldán, que, a la hora de anunciar su marcha del partido y del Parlamento, dejó muy claros sus motivos, poniendo claramente de manifiesto que, con las directrices actuales, Cs ya no es su partido. A esto hay que sumar que el eurodiputado Javier Nart también abandona la ejecutiva de Ciudadanos.
Y, en clave asturiana, ahí tenemos a Juan Vázquez, poniendo de manifiesto que se va porque Cs se movió de su sitio políticamente hablando, esto es, se derechizó sin complejos. Con la dimisión del que fuera rector de la Universidad de Oviedo, que abandona su escaño, Cs no solo pierde a su cabeza de lista electoral, sino también a una persona de prestigio cuya trayectoria nada tiene que ver con el político profesional al uso. Veremos cómo digiere esta pérdida Ciudadanos en Asturias.
Lo cierto es que Cs ha dejado de ser un partido centrista, se está despojando del discurso regeneracionista que enarboló en su momento y, por si todo ello fuera poco, no se desmarca con la claridad necesaria de Vox.
Manuel Valls, Toni Roldán y Juan Vázquez dejaron muy claro, a la hora de explicar su ruptura con Ciudadanos, las razones que les llevaron a ello.
¿El regeneracionismo era apoyar al PP madrileño, enfangado en tantos escándalos de corrupción a que recuperase los gobiernos autonómico y municipal de la capital del reino? ¿El centrismo consiste en formar bloques con Vox, si no gobernado, sí dotando al PP de mayorías suficientes para gobernar?
¿Y qué le queda a Ciudadanos de Cataluña tras el desembarco de Arrimadas en la política nacional? ¿Qué le queda en Cataluña a este partido, sin apenas tener presencia en los Ayuntamientos?
¿Es tan difícil que en España se asiente un partido entre el PP y el PSOE? ¿Es consciente el señor Rivera de que corre el peligro de pasar a la irrelevancia tal y como le sucedió a UPyD?