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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Un fantasma recorre la comisión Villa

¿Quién nos iba a decir que llegaríamos a ver al don Félix de Montemar de Espronceda recorriendo el Parlamento astur?  Viene  esto al caso, porque el protagonista de “El Estudiante de Salamanca” asiste a su propio entierro en un lance muy, pero que muy fantasmagórico. Digo esto porque cada vez nos da más la impresión de que, con el caso Villa, la FSA asiste a su propio funeral.

Don Félix de Montemar es descrito por Espronceda como “altanero y reñidor”. En eso coincide con Antón Saavedra que fue a echar la bronca en su comparecencia. Pero, además de altanero y reñidor y de segundo don Juan Tenorio, Montemar sale perdiendo de su último lance.

Pues sí, un fantasma recorre la Comisión Villa. No sólo la FSA se juzga a sí misma. No sólo el movimiento sindical se sienta en el banquillo de la sospecha, sino que además comparece en ese mismo banquillo toda la política asturiana desde la transición a esta parte. Primero, el partido hegemónico en Asturias que tuvo en Villa a uno de sus principales protagonistas. Después, el resto de los partidos de la muy leal oposición, empezando por el PP, pues Gabino tuvo una excelente  relación con Villa y continuando con IU en tanto que  se prestó muchas veces a apoyar y a formar parte de muchos gobiernos del PSOE.

No es un honor para el PSOE que Villa hubiese sido uno de sus militantes más influyentes a lo largo del tanto tiempo. No es un honor para los partidos de oposición no haberse dado cuenta de lo que este ejemplar ciudadano trajinaba en la política astur.

Pero la cosa va aún mucho más allá. Miren ustedes: hubo comparecientes como el golfista Campelo que echaron pestes contra Maese Villa. Pero, claro, no se entiende del todo bien que este buen señor haya sido una de las personas de confianza del mostachudo sindicalista durante tantos años y, en un momento dado, se hubiese caído del caballo, porque estaban demasiado cerca como para no haberse enterado de lo que sucedía.

Pero la cosa sigue yendo mucho más allá. Miren ustedes: el muy honorable empresario minero que atiende al nombre de Victorino Alonso sigue siendo elogioso con Villa. Ya no se trata de preguntarse qué se hizo de la lucha de clases, sino que además no podemos no preguntarnos qué clase de tejido empresarial se vino conformando y confeccionando en esta tierra nuestra para que personajes como don Victorino tengan tanto que decir.

Miren ustedes: todos los asturianos estamos asistiendo a nuestro propio funeral cívico. No nos engañemos, por favor. Aquí no se trata de un episodio de corrupción al que la justicia se encarga de perseguir. Aquí de lo que se trata es de muy distinta cosa, pues no hemos querido ver, ni oír ni decir lo que había. Hemos caído en un conformismo enfermizo y, cuando quisimos darnos cuenta, nos encontramos con el fantasma que nos recorre: el de asistir como don Félix de Montemar a nuestro propio funeral, como sociedad democrática, como ciudadanía con la dignidad adormecida y narcotizada.

Como don Félix, vemos que lo que vino siendo la Asturias más reciente se desmorona, desde el entramado estético gabiniano que fue emulado en el resto de Asturias, hasta un modelo industrial en declive que vino siendo gestionando por quienes tuvieron como escuela la empresa púbica franquista. Y, en esta expresión, el orden de los adjetivos es inversamente proporcional a su peso y medida en  desdoro.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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