Buscando a Zola desesperadamente para que nos relate los excesos del arecismo, para que nos explique cómo ha sido posible que un personaje como Villa atesorase tanto poder en el partido político que, desde la Transición a esta parte, viene siendo casi hegemónico en Asturias. Para que deje constancia narrativa del verdadero significado del gabinismo. Para que novele una época de la política asturiana formada y conformada, con sus relevos, por un más que extraño triunvirato: Villa, Gabino de Lorenzo y Areces. Porque estaríamos hablando también de «una extraña época de vergüenza y de locura» que tiene su cabida en las novelas de Los Rougon-Macquart, huella indeleble la que dejó Zola en su literatura a la hora de retratar una época. Por eso, buscamos desesperadamente esa novela que retrate los últimos años de la vida pública asturiana, periodo de tiempo en el que no hay ausencia de vergüenza y locura.
Buscando a Zola desesperadamente, también a Galdós, al Galdós de los ‘Episodios Nacionales’, con su Tito Liviano, con su Marí Clío.
¡Qué triunvirato el de la vida pública asturiana en sus últimos años! ¡De qué estridente manera está saliendo a relucir el detritus de todo esto! ¿Qué decir de Villa y del origen de su misteriosa –y enorme– fortuna? ¿Qué decir de un arecismo que se fue de la vida pública con el escándalo del ‘caso Renedo’ y que, pocos años después, vuelve a quedar en entredicho por los planteamientos de la Fiscalía Anticorrupción con respecto a todo lo que rodeó la ampliación del El Musel? ¿Qué decir de un Gabino de Lorenzo que abandonó la Alcaldía de Vetusta refugiándose en la Delegación del Gobierno, dejando sin resolver el ‘asunto de Villa Magdalena’ y con el el recado megalómano y ruinoso de los proyectos de Jovellanos XXI?
¡Qué triunvirato! ¡Qué discursos! Villa, como ejemplar y épico defensor de toda la historia de la minería asturiana. Areces, como un doctor Pangloss a la hora de los despilfarros y grandonismos. Gabino, con su agotador cerco a Oviedo, con sus chabacanerías y con su estética tan próxima al vestíbulo de la casa de un nuevo rico.
¿Cómo no vamos a echar en falta al novelista mordaz que haga justicia poética con esta época que ahora, al languidecer, nos fustiga y nos ensordece con la estridente escandalera de las deudas y la bancarrota que, claro, a todos nos toca pagar?
Buscando a Zola desesperadamente, buscando –reitero– la indeleble huella literaria que haga justicia poética ante tanto desmán.