En el homenaje que recientemente se le rindió a resultas de haber sido reconocido como “ovetense del año”, el actual Alcalde carbayón no desaprovechó la oportunidad de alertar acerca de los riesgos que pudieran derivarse de la más que previsible mudanza en el mapa político general, así como en el de Oviedo en particular. Es la historia que tantas y tantas veces se repite, reserva ante lo nuevo, reticencia a dar la bienvenida a los cambios, indisposición a concederles tan siquiera el beneficio de la duda. Y, en el caso que nos ocupa, don Pero Grullo nos diría que nadie puede estar más interesado que el propio Alcalde en que se mantenga la actual situación, incluso sin mayoría absoluta, pero ejerciendo de primer edil. Y, allí, frente al Oviedo oficial, estaba el Oviedo del descontento, descontento ante la vieja política en Vetusta y en Asturias. ¿Habrán tomado nota los principales implicados?
FAC tendrá que reinventarse tras el fracaso estrepitoso de la anterior candidatura, rota por los transfuguismos, descabezada por el abandono de Arturo González de Mesa, desprestigiada por episodios que también llevaron a dimisiones. Más allá del proceso de
primarias en el que ahora se encuentra, la formación casquista tiene muy difícil recuperar la confianza electoral de 2011, que, no lo olvidemos, despojó al gabinismo de una mayoría absoluta que llevaba demasiado tiempo paralizando la vida pública capitalina.
Por su lado, no es pequeño el cambio en la candidatura socialista. Wenceslao López es un político con trayectoria y con discurso, que nada tiene que ver con la persona que le antecedió encabezando la lista de su partido. No tiene problemas con el idioma y en su discurso va más allá de las consignas descafeinadas.
En cuanto al PP, no le resultará fácil a Iglesias Caunedo dejar atrás la resaca de un posgabinismo cuyos grandonismos y excesos continúan pasando factura a una ciudad que no puede seguir estando feliz y confiada en los tiempos que corren.
En lo concerniente a IU, no es novedosa la continuidad de un incombustible ‘Rivi’ que esta vez no cambiará de siglas para comparecer ante el electorado, aunque no es en absoluto descartable que pierda peso en las urnas a resultas de la irrupción de Podemos.
Por su parte, otro partido emergente según las encuestas, Ciudadanos, parece que se enfrenta a serias dificultades para elaborar candidaturas en nuestra tierra.
No sólo no parece previsible que no habrá mayorías absolutas, sino que ni siquiera se puede hablar con seguridad de pactos para formar un equipo de gobierno que cuente con el respaldo suficiente para llevar a cabo sus proyectos.
No sólo se acabó aquel gabinismo zafio y estancado en el que el primer edil se permitía no acudir a la mayor parte de los Plenos, sino que además no resulta fácil prever posibles pactos o coaliciones entre formaciones políticas supuestamente afines, entre otras cosas, porque no está nada claro que la aritmética electoral llegue a permitirlos.
También está por ver por dónde se decantará la formación de Pablo Iglesias si, como parece previsible, llega a tener presencia en el Ayuntamiento de Oviedo.
Sospecho que el cambio llama a la puerta y que la invocación a la continuidad hecha por el actual alcalde de Oviedo no pasará de ser un cumplimiento del guión por su parte.
Por lo demás, habrá que ver, al margen de consignas y topicazos, qué proyectos de ciudad se ponen sobre la mesa y qué grado de confianza obtendrán del electorado quienes los propugnen.
Y, por encima de todo, la vieja política no podrá evitar la decadencia, sin que eso garantice que los que emergen den la talla y estén a la altura. Pero, en todo caso, es más que probable que vayamos a tener ocasión de comprobarlo.
La política, también en Oviedo, dejará de ser aburrida, lo que no deja de ser un logro. Al menos, de entrada.