«Estamos en la época grave e inquieta, período de gestación de una nueva verdad de la inteligencia humana y hay, sin embargo, hombres necios y nulos que niegan lo presente y se pudren en el pequeño y nauseabundo charco de su trivialidad» (Zola).
¿Se ha preguntado el lector cuánto tiempo lleva el PSOE gobernando Andalucía? ¿Se ha preguntado alguien con un mínimo conocimiento de nuestra historia contemporánea cómo es posible que aún no se haya hecho una reforma agraria en una tierra que, políticamente hablando, es un ‘feudo socialista’, al menos en sus siglas? ¿Se ha preguntado alguien acerca de la casuística de la desigualdad que existe en la Andalucía de hoy? ¿Se ha preguntado alguien qué proyecto político necesita la mayor autonomía de España? ¿Puede el PSOE sacar pecho con sus asignaturas pendientes que acabamos de exponer y con el deplorable asunto de los ERES? ¿Puede el PP andaluz seguir alentando topicazos contra Cataluña como acaba de hacer todo un delegado del Gobierno a la hora de pronunciarse sobre el líder de Ciudadanos? ¿Puede el PP andaluz enarbolar un discurso de regeneración con todo lo que está pasando en este partido? ¿Puede IU reclamarse al margen del bipartidismo, tras haber apoyado al PSOE de la forma que lo hizo?
¿Acaso no se merece Andalucía ser tomada la suficientemente en serio de tal modo que no la utilicen de escenario doña Susana y don Pedro para representar su supuesta sintonía y complicidad? ¿A qué esperan los señores Chaves y Griñán para retirarse definitivamente de la vida política? ¿A qué esperan todos para escenificar en esta campaña que la hora de la regeneración ha llegado ya y que apuestan por ella con hechos?
Si los resultados que arrojan las encuestas se mantienen y se confirman, a Andalucía le espera una fragmentación política que hará imposible la mayoría absoluta y que pondrá muy difíciles los pactos. Si descartamos un pacto entre sagastinos (PSOE) y canovistas (PP), un escenario posible sería el de un tripartito entre el PSOE, Podemos e IU, en el que cabría esperar y desear que estas dos fuerzas exigiesen de verdad una reforma agraria tan pendiente como necesaria, porque sería muy decepcionante que todo quedase en palabrería y reparto de puestos.
De otra parte, parece poco probable que entre Ciudadanos y el PP se pudiese formar un gobierno de coalición, entre otras cosas, porque no sumarían mayoría suficiente para ello.
Y, en cuanto a la hipótesis de que gobernase el partido más votado, la inestabilidad estaría servida, con el riesgo de que volviera a repetirse el escenario de elecciones anticipadas.
En cualquier caso, haría falta un PSOE autocrítico que no soslayase lo mucho que queda por recorrer en busca de una sociedad menos desigual a pesar de haber gobernado esta autonomía desde que la presidió el señor Escuredo a principios de los 80, y que se desmarcase por completo de las graves corruptelas que vinieron sucediendo.
Y, en cuanto al PP, algunos deberían leer a Machado por aquello de no verse reflejados en caricaturas de aquel don Guido de un memorable poema.
¿Cómo no recordar aquel momento de delirio en plenos fastos del 92 cuando que el arquitecto Bofill auguraba que Andalucía llevaba camino de convertirse en la California de Europa? ¿Cómo no preguntarnos si los partidos emergentes están en verdad dispuestos a luchar por un nuevo tiempo político en Andalucía en el que se aprueben las asignaturas pendientes y se entierren algunos tópicos rancios y reaccionarios?
Sería muy deseable que Andalucía abriese el camino a un nuevo tiempo político en toda España que rompiese con esta irrespirable agonía que venimos sufriendo en nuestra vida pública. Tan deseable como difícil, si observamos lo que está siendo la campaña electoral: ‘Y tú más’ entre PP y PSOE. Y muchas incógnitas en los partidos emergentes.
Lo que no sirve es seguir como hasta ahora. Por ver está si el conjunto de candidatos es consciente de ello y hasta dónde están dispuestos a llegar.