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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Panorama vetustense: Oviedo, ciudad literaria

“Porque llueve en Vetusta por la calle sin tiempo. / Llueve y llueve sin tiempo. / Muere una lluvia lánguida”. (Aurora de Albornoz).

En fechas como éstas, tan cercano el día del Libro, acaso sea conveniente y hasta higiénico tomarse un respiro literario y dejar momentáneamente de lado la vida política, tan febril en vísperas de campaña electoral, sobre todo si tenemos en cuenta que Oviedo es, además de otras muchas cosas, una ciudad donde la mejor literatura hizo parada y fonda. Bien sabido es que el ejemplo más egregio de esto que digo es La Regenta, no sólo objeto de imitaciones que se quedaron muy lejos del modelo emulado y perseguido, sino que además se sigue dando el paradójico caso de que continúa vigente un regentianismo que pretende ser clariniano.

Oviedo, ciudad literaria, con géneros (y hasta subgéneros) para todos los gustos. El Oviedo regentiano y el Oviedo ayalino, tan cercanos en el tiempo y en el espacio, tan distantes en las técnicas narrativas. El Oviedo que visitó Azorín, al que Ayala le dio la bienvenida en una memorable epístola. El Oviedo que inspiró un extraordinario poema de Unamuno que tiene por título “Oviedo de Asturias”. El Oviedo que conoció Fernando Vela, del que da cuenta en un pequeño ensayo hablando del día a día de Clarín. El Oviedo sesteante y regentiano con el que arranca Pérez de Ayala su novela La Pata de la Raposa. El Oviedo que rememora Cabezas en su biografía sobre Clarín. (Entre paréntesis: Clarín, siempre Clarín).

De vez en cuando, es recomendable hacer turismo literario por nuestra heroica ciudad. De vez en cuando, procede recordar que, más allá de la Vetusta clariniana, a la que Oviedo, según un ingenioso aserto de Juan Cueto, se empeña en imitar, hay un Oviedo que es todo un placer descubrir como itinerario narrativo y poético no sólo para hacer un más que saludable alto en el camino, sino también para disfrutar de una ciudad que, al margen del abigarramiento a la que la sometió la estética gabiniana, forma parte de los escenarios de una excelente literatura.

¿Cómo no recordar lo que Xuan Bello escribió acerca del parque San Francisco?  “Presentí que caminaba más que por un parque por el interior de un poema que había escrito, en un sofoco de amor, el dios del lugar”. ¿Cómo no conmoverse ante los poemas que dedicó a Oviedo José Vela, hermano del discípulo de Ortega?

Más allá de la lluvia que apenas nos da tregua, más allá de ruidos y furias tan altisonantes como efímeras, invito a leer (o a releer) parte de lo mucho que se escribió en y sobre Oviedo, como un alto en el camino oxigenante e imprescindible para no perderse ni la perspectiva ni la tan temida excelencia, ésa que no sabe de frivolidades oportunistas cuyo destino es reservarse y preservarse para quien se decida transitarla y disfrutarla con altura de miras y guiños inteligentes  a la obra bien hecha.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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