Hacen falta, ciertamente, valor y empeño para asumir la tarea de presentarse como cabeza de lista de un partido que en Oviedo no sólo ha fracasado rotundamente en la legislatura que ahora concluye, con rupturas y transfuguismos escandalosos, sino que además protagonizó episodios como la dimisión del vencedor de las primarias por disensiones internas. Si hay un sitio en Asturias donde FAC lo tiene más difícil, ese lugar es, sin duda, Oviedo. Y lo cierto es que la candidata Carolina Morilla no parece arredrarse por ello al no comparecer como derrotada de antemano.
Se diría, a juzgar por sus planteamientos, que va a por todas, en el sentido de exigir una auditoría de las cuentas carbayonas, sin dejar de lado que plantea una reducción del IBI.
Y, por otro lado, parece estar muy lejos de enviar guiños a Caunedo, de quien, ideológicamente, podría sentirse cerca, diferencias personales aparte, ahora que ya no están en liza ni Gabino ni Cascos.
A decir, verdad, sorprende tanta energía en una candidata que, salvo mayúsculas sorpresas, tiene garantizado el fracaso electoral, al menos en términos comparativos, con los resultados que obtuvo su partido en 2011.
Como ya escribí más de una vez, fue memorable que FAC – y no el PSOE- le arrebatase la mayoría absoluta a Gabino de Lorenzo, con lo que se impidió aquel proyecto delirante de la calle Uría y con lo que impidió también que continuase el despilfarro demencial al que el actual Delegado del Gobierno nos tenía tan acostumbrados. Y, aun así, el grupo municipal del partido casquista en Oviedo se descompuso de forma truculenta.
Si a eso le añadimos que los tres candidatos a las primarias por Oviedo ya abandonaron el partido, el fracaso de FAC está más que anunciado. Ante ello, la señora Morilla está yendo mucho más allá de lo que es un mero paripé electoral, pues tiene propuestas que van más allá de lo esperable en un partido que ni siquiera puede tener la seguridad de lograr representatividad en el Ayuntamiento vetustense.
No negaré que me parece muy bien que doña Carolina Morilla tenga el propósito de solicitar una auditoría, pues son muchas las dudas que plantea el gabinismo. Y, de paso, sería muy de agradecer que la ciudadanía de Oviedo conociese el precio que habrá que pagar definitivamente por Villa Magdalena, la operación de los Palacios y así sucesivamente.
La candidata Morilla está dando vida a la campaña electoral en esta ciudad que está muy lejos de superar la resaca del gabinismo, vieja política que el PSOE no logró combatir y que, a día de hoy, no sólo es un recuerdo.