«Los hombres no conversan entre sí sino en sus desmayos, vaciándose de sí mismos, y de aquí el que nunca estén más de veras solos que cuando están reunidos y nunca se encuentren más en compañía que cuando se separan» Unamuno.
Más sol que niebla. Hermosa luz para contemplar el paisaje de Asturias. Los ojos puestos en las tierras a la espera de que broten les fabes, el maíz y los fréjoles. El Narcea, a pesar de no estar muy bien tratado, aún luce hermosura. Quedan muy pocas horas para que se cierre la campaña electoral, y es el caso que se hace necesario, por higiene mental, adelantar la jornada de reflexión. Hasta el momento mismo de depositar la papeleta en la urna el domingo, se impone alejarse de tanto ruido y tanta furia, de tanto ataque al idioma, de tanta demagogia, de tanta desmemoria, de tanta palabrería huera.
Frente a la estridencia, la lectura. Frente a la estridencia, la contemplación del paisaje. Frente a la estridencia, la más que saludable determinación de transitar mundos perfectos. Por ejemplo, poemas memorables. Por ejemplo, compases musicales sublimes. Por ejemplo, pensamientos que mueven y conmueven por su genialidad. Por ejemplo, escenas de películas que se grabaron en nosotros para siempre.
Al pasear, sea en el pueblo o en la ciudad, es difícil no toparse con cartelería, ya en fase de serio deterioro, de la campaña. Rostros conocidos, lemas electorales facilones y tópicos. Es un proceso que hace justicia poética, pues se sabe que todo es de quita y pon, que nada es digno de permanecer en el tiempo.
Al final, cuando se conozcan los resultados, se tendrá conciencia de que no serían muy distintos sin tanto gasto económico, sin tanta palabrería, sin tanto mensaje maniqueo y ñoño.
Necesito leer aforismos y poemas. Necesito rescatar imágenes inolvidables. Necesito transitar la genialidad, el ingenio, la ambición estética. Necesito soñar.
Necesito embeberme una y otra vez de este paisaje y de estos parajes. Ver la montaña de enfrente al atardecer. Contemplar la luna ardiente por la noche. Y que el pensar y el sentir se purifiquen de tanta información sobrante, de tanta presencia incómoda, de tanta impostura, de tanto embuste, de tanto ataque a la inteligencia.
Y es que no hay desquite más valioso y eficaz que una zambullida a fondo en la belleza y en la perfección. Desde ahí se llega a la casa sosegada que en su momento consagró estéticamente la mejor poesía mística.