«De todas las numerosas y antiguas causas que produjeron en la nación española este estado moral, los hombres de mi generación somos absolutamente irresponsables. Nos horroriza el pasado, nos avergüenza el presente; no queremos ni podemos perder la esperanza en el porvenir». (Azaña en 1911).
Al leer en EL COMERCIO la noticia de que Emilio León presentará su candidatura para presidir el Gobierno de Asturias, lo obvio es decir que no me sorprendió. Se trata de una ceremonia anunciada, teniendo en cuenta lo que se escenificó en el reparto de la Mesa de la Cámara hace unos días. Pero, más allá de eso, lo que aquí se pone de relieve es que siguen estando muy descolocados todos aquellos que continúan haciendo sus cábalas sobre la base de las etiquetas y las siglas. El busilis del momento que vive la vida pública no está en la dicotomía izquierdas frente a derechas, sino que la cosa se dirime entre vieja y nueva política. Y conste que no me sumo a todos aquellos que consideran que las ideologías son una antigualla. Todo lo contrario: estoy convencido de que el debate ideológico es más necesario que nunca. Sólo un matiz que repito muchas veces: la izquierda no es sólo una cuestión de siglas, que hacen de eximente para poner en práctica políticas de derechas, algo muy propio del PSOE.
Fíjense: entre Javier Fernández y Emilio León no sólo hay manifiestas y abismales diferencias ideológicas, sino también –lo que no es menos determinante–, generacionales, con una particularidad añadida nada baladí: la generación del líder asturiano de Podemos se siente víctima de unas políticas que siguen orillando a la juventud y que se saben víctimas de una serie de decisiones que, por un supuesto bienestar presente, se aceptó hipotecar el futuro de las generaciones venideras. De eso, en Asturias sabemos un rato largo, pues ahí está lo que pasó en el campo y en la minería, por poner dos ejemplos muy claros. Por tanto, estoy seguro de que las huestes astures de Podemos harán suyas estas palabras de Azaña, que datan de un discurso de 1911, y que lo pronunció –¡qué ironía!– en la sede alcalaína de las Juventudes Socialistas.
Candidato Emilio León. El paso dado de las movilizaciones de ‘La Madreña’ a verse en la tribuna de oradores del Parlamento autonómico es un triunfo gigantesco. Sabe de antemano no sólo que no saldrá elegido, sino que además es poco menos que imposible que llegue a contar con el apoyo de IU. El ceremonial de la presentación de su candidatura no tiene como objetivo vencer, sino convencer a la opinión pública asturiana. (Entre paréntesis: es imposible convencer a una no pequeña parte de la opinión pública, formada por los aduladores de Javier Fernández).
De eso se trata: toca convencer, lo que tampoco será nada fácil, pues tendrá que ir más allá de pedir cordura y austeridad a la mal llamada clase política, empecinada en mantener sus privilegios. Tendrá que ir más allá, plasmando en su discurso que tiene un proyecto para Asturias, proyecto concreto y detallado para nuestro aquí y para nuestro ahora. En este sentido, es mucho lo que se juega el candidato de Podemos.
Tendrá que ir más allá también intentando conseguir ponerle difícil a IU que no lo apoye. Y para ponérselo difícil sólo tiene que enarbolar un discurso de izquierdas beligerante contra los privilegios y recortes, beligerante contra determinadas complacencias con el Gobierno de Rajoy.
No sólo no me perderé su discurso, sino que además lo espero con expectación, así como las réplicas que suscite, especialmente, las de Llamazares.
Las movilizaciones de ‘La Madreña’ tienen voz y voto en la Asturias oficial, todo un logro, que lamentaría mucho que se desaprovechase.