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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Aquella Primera República

“Nadie trae la República; la trae una conspiración de la sociedad, de la Naturaleza, de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta.” (Emilio Castelar).

 

Fue un 11 de febrero de 1873. Tras la Gloriosa, España buscaba ponerse a la altura de los tiempos en materia de derechos y libertades. Prim tenía muy claro que, tras los reinados de Fernando VII e Isabel II, los Borbones no deberían seguir ocupando el Trono. No se atrevía con una opción republicana. Y convenció a Amadeo de Saboya para que se pusiese al frente de los destinos de nuestro país. Como bien se sabe, hubo quienes se encargaron de que el nuevo Rey, que llegó a España el 2 de enero de 1871, no contase con su principal valedor, al que asesinaron el 27 de diciembre de 1870. Fue un reinado muy breve el de Amadeo, pues, harto de conspiraciones y artimañas, abandonó nuestro país en 1873. Su marcha dio paso a un nuevo Estado que no alcanzaría el año de vida.

Aquella Primera República fue ciertamente corta en el tiempo, pero sentó las bases de lo que sería la Segunda República. Así lo explica el profesor Jover Zamora: “1873  trae consigo tres cambios radicales, tres planos de ruptura: la sustitución de la Monarquía por la República; la sustitución del Estado confesional por el Estado neutro, lo que lleva consigo una concepción enteramente nueva de las relaciones Iglesia-Estado, y, en fin, la sustitución de un Estado unitario y centralizado por un Estado descentralizado de estructura federal”. Y señala con acierto el mismo historiador: “La República del 73 establece un paréntesis en el “régimen de los generales”, paréntesis que cabría caracterizar como un “régimen de los intelectuales”, presidido por las figuras cimeras de un Pi i Margall, un Salmerón, un Castelar”.

Cuando algunos se refieren a aquella Primera República conmiserativamente por la corta vida que tuvo, no parecen tener en cuenta que en el reinado de Isabel II se produjo el tristemente célebre “Ministerio Relámpago” que consistió en un Gobierno que duró 24 horas, Gobierno en el que tuvo mucho peso la milagrera mano de Sor Patrocinio, personaje del que Jarnés publicó una magnífica geografía.

Pero, más allá de un análisis político por lo común sin un conocimiento contextual de peso, sobre aquel Estado, lo que conviene poner de relieve fue que significó una apuesta seria por la modernidad de nuestro país y que estuvo presidido por intelectuales honestos.

Se podría decir que fue una suerte de “edad de la inocencia” de la izquierda española, de una izquierda que apostaba inequívocamente por una sociedad más justa y más libre.

Por otro lado, tampoco hay que perder de vista la importante producción literaria que aquella Primera República suscitó. Por ejemplo, la primera novela española en la que una mujer obrera era la protagonista. Me estoy refiriendo a la novela “La Tribuna”, de doña Emilia Pardo Bazán. Por ejemplo, a la divertida novela de  Ramón J. Sender, Mr. Witt en el cantón, obra que tiene como trasfondo histórico el episodio del cantón de Cartagena. Por ejemplo, al episodio galdosiano que tiene por título La Primera República.

Aquella Primera República, que terminaría fracasando, da mucho de sí históricamente, y conviene conocerla a fondo, porque su apuesta de modernidad sigue siendo a día de hoy una asignatura pendiente, o, si se prefiere, no aprobada.

Estudiémosla.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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