No les basta con haber mentido desde que arrancaron las obras de esta autovía. No se sonrojan cuando las hemerotecas les recuerdan que hablaban de tener concluida esta infraestructura “en el horizonte de 2009”. No se corrigen en periodos electorales recientes en los que volvieron a hablar de llevar esta autovía hasta Ponferrada y, ya puestos, hasta Portugal. No se abochornan por haber tenido parada esta autovía desde el verano de 2010 hasta el otoño de 2015. No se empapizan cuando se les recuerda que, al haber habilitado una sola calzada en el tramo entre Salas y la Espina, sin apenas opciones de adelantamiento, la tomadura de pelo es hiperbólica.
Y la última calamidad de esta autovía consiste en que a la altura de Porciles, esto es, entre Salas y la Espina, se están produciendo hundimientos continuamente, que llevaron a cortar la calzada y que, según los vecinos, amenazan con el hundimiento de las casas más cercanas.
Claro, estamos hablando del suroccidente, de unas comarcas cada vez más despobladas, en las que no parece que nuestros políticos consideren que valga mucho la pena molestarse en contentar a su habitantes que, en número de votos, no constituyen nada decisivo.
Claro, estamos hablando de una autovía en la que, a día de hoy, alguien tendría que explicar no sólo los continuos retrasos, sino también los tremendos errores que se cometieron, al tener que cambiar en más de un enclave el recorrido de esta infraestructura. Por ejemplo, en Doriga, donde se habilitó otro trazado alternativo con el inicial ya empezado, donde la montaña amenazaba con venirse abajo.
Claro, estamos hablando de una autovía que discurre por lo que vengo llamando desde hace tiempo la geografía del abandono de esta tierra, algo que a la Asturias oficial parece importarle más bien poco.
Miren, lo grave no es sólo que llevemos casi una década de retrasos y que los estudios geológicos, que seguro que se pagaron religiosamente, hayan fallado tanto. Lo verdaderamente terrible es que, al final, en lugar de vertebrar el occidente de Asturias mediante esta autovía, lo que se está produciendo son hundimientos y otros percances que constituyen, además de burla, peligros añadidos.
¿Es esto de recibo? En la Asturias oficial, sólo el Alcalde de Salas (sería el colmo que no lo hiciese) reclama soluciones de inmediato. Nadie del Gobiernín se pronuncia al respecto. Tampoco se dejó ver por estos lares el Delegado del Gobierno en funciones. Seguro que tienen asuntos de los que ocuparse mucho más importantes.
Una autovía que no sólo no se concluye, sino que además provoca hundimientos y peligros. Ante ello, silencio, indiferencia, desinterés.
¿No cabe, así las cosas, hablar de burla, de una burla afrentosa e intolerable?