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Juan Neira

LARGO DE CAFE

RENOVAR CON EL EJEMPLO


El abandono de Alicia Castro es un gesto personal de dudosa incidencia en la vida del PP asturiano

Para abandonar la vida política Alicia Castro ha escogido la fórmula de la comparecencia ante los medios sin turno para las preguntas. Una declaración leída, entre los flash de los fotógrafos, que es algo así como decir adiós por fax con derecho a imagen. Se trata de un formato muy cómodo para el que lo utiliza, porque las insinuaciones no se aclaran y los silencios quedan a medio camino entre la crítica velada y el olvido. A partir de esas premisas sólo resta el recurso de releer el comunicado para interpretar las causas de la despedida, utilizando como instrumento de análisis la puesta en escena, formada por la presencia de la familia y la ausencia de los compañeros de partido.
En el comunicado, la diputada no dice qué le impulsa a dejar la vida política, aunque entre la larga lista de agradecimientos ya hay algunas claves que pudieran explicar el inesperado adiós. Recuerdos sinceros para la cúpula de su partido (Rajoy, Aznar, Zaplana) y para la base (juntas locales, alcaldes, militantes), y un encendido elogio para dos asturianos (Álvarez-Cascos y Gabino de Lorenzo). Ni una palabra para la dirección regional del PP, presidida por Ovidio Sánchez, ni para el grupo parlamentario de la Junta General del Principado, igualmente encabezado por Ovidio. ¿Un inoportuno olvido?
Alicia Castro no explica por qué cambia a los 55 años de actividad, cuando lleva 25 años representando al PP en las instituciones, pero al formular sus mejores deseos, identifica la suerte del PP regional con la “necesaria renovación”. Para que las menciones a la renovación no queden en un sentimiento genérico aplicable a toda organización política, la diputada hace un llamamiento a la responsabilidad de los que perdieron más de una vez en las urnas, para dejar paso a rostros nuevos. ¿Y los que fueron derrotados en más de dos ocasiones?
Las emociones y razones del texto de despedida se podían interpretar anticipadamente con la información que venía en la portada de ayer de EL COMERCIO: “Alicia Castro anunciará hoy su negativa a repetir como candidata tras sus discrepancias con Ovidio Sánchez”. En efecto, no hay un sólo agradecimiento para Ovidio y sin embargo le endosa un consejo: que dé paso a otros dirigentes tras perder tres veces frente a Areces en las elecciones autonómicas. Alicia Castro completó la despedida tomando prestada una frase de la última comparecencia de Álvarez-Cascos: “doy un paso atrás”. Su político asturiano preferido.
Como la política es una actividad muy complicada, la primera consecuencia del abandono de Alicia contraría sus deseos: el principal candidato para relevarla en el Congreso de los Diputados es el mismísimo Ovidio Sánchez. De momento, la renovación en la Cámara Baja pudiera pasar por adjudicarle un escaño al presidente del PP regional. Si Alicia Castro creía que con su renuncia iba a repetir el “efecto Imaz” -dejar la política arrastrando al rival-, no parece que con Ovidio vaya a logarlo fácilmente, porque no tiene ningún parecido con Egibar. Del presidente del PP regional se podrán decir muchas cosas, menos que no sea capaz de esquivar los dardos que le lanzan. Ovidio Sánchez tiene la propiedad del corcho en el río: flota igual con aguas quietas que empujado por los rabiones.
En política es muy importante manejar los tiempos y no creo que Alicia Castro haya escogido el mejor momento para decir adiós. El PP termina una larga etapa, iniciada en el año 1999 tras la crisis con Marqués, que no ha sido muy brillante. Puede (seguro) que Ovidio Sánchez tenga una gran responsabilidad en ello, pero con cualquier otro dirigente el resultado final no hubiese sido muy distinto. Había razones objetivas para pronosticar ocho años de vacas flacas para el PP, ya que la actuación de ese partido con su propio gobierno fue incalificable. El electorado quedó muy desengañado, y de ahí el largo turno de los socialistas. Sin embargo, ahora aparecen nuevos datos que pudieran favorecer el cambio de tendencia.
En primer lugar está el divorcio regional entre el PSOE e IU, propiciando una legislatura autonómica muy distinta de las dos anteriores, una de ellas con mayoría absoluta socialista y la otra con gobierno de coalición y respaldo mayoritario de la Cámara. La única vez que el PP se hizo con el poder en Asturias (año 1995) las dos fuerzas de izquierda estaban enfrentadas. El otro dato son los pronósticos electorales a escala nacional. En todos los sondeos, el PP mejora sus posiciones. Este es el contexto en el que va a tener que desenvolverse el PP regional. En contra de lo que piensan los políticos -dueños absolutos de la escena pública-, la suerte de los partidos, gobiernos y oposiciones viene más veces marcada por los dictados de la coyuntura que por sus propios actos.
Una de las consecuencias de la crisis política del PP asturiano, al final de la década de los noventa del siglo pasado, es la descapitalización de cuadros. En la organización asturiana hay pocos líderes con tirón para encabezar las candidaturas o para liderar la organización. El más destacado de todos es Álvarez-Cascos, pero está retirado de la política. El segundo puesto es para Gabino de Lorenzo, pero nunca quiso salir de los dominios de Oviedo y no es fácil que acepte otro papel que el de alcalde de la capital. La opción de Pilar Fernández Pardo tendría que contar con el visto bueno de Gabino. En cuanto a la vuelta de Rozada, sería como el retorno de Felipe González. Por todo ello, la marcha de Alicia sólo garantiza la renovación de su escaño.
Hasta que no se celebren las elecciones generales faltarán datos para saber qué equipo llevará las riendas del PP, aunque cabe ya hacer una consideración general. En una región, tradicionalmente de izquierdas, la opción de gobierno del PP pasa por el centro. Tienen que adoptar un discurso menos estridente. Esto no implica rehusar a defender con vehemencia sus estrategias en industria, economía, impuestos o medio ambiente. Al contrario, deben explicitar mucho más sus posiciones y dejar de estar a rebufo de los sindicatos mineros. Pero el PP tiene que moderarse, dejar las batallitas internas y los insultos gratis. Cumplida la penitencia, tras tres legislaturas alejados del poder, todo es posible.

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por JUAN NEIRA

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